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Belleza | Hoy 08:02

Rosa damascena: así es Isparta, la ciudad de Turquía donde nace el “oro líquido” de la perfumería

En el corazón de Anatolia, la ciudad de Isparta guarda uno de los secretos mejor guardados de la alta perfumería: la rosa damascena. De sus pétalos nace un aceite esencial que viaja desde Turquía hacia algunas de las fragancias más emblemáticas del mundo.

Mi abuelo fue uno de los productores más antiguos de la región y yo era su amuleto de la suerte. El primer día de la cosecha me hacía un lecho de rosas, una especie de pileta de pétalos, para que pudiera rodar dentro como ritual de buena suerte. Ahora lo hago con todos mis visitantes”. Así lo cuenta Gülşah Gürkan, representante de la tercera generación dedicada al cultivo y a la producción de aceite y agua de rosas damascenas en Isparta, Turquía. ”Nuestra flor es muy delicada, hay que cuidarla todo el año para poder cosecharla solo de 4 a 6 semanas sí tenemos suerte, el clima es bueno, las lluvias no son fuertes y la altura es la apropiada”.

La rosa damascena se cosecha muy temprano para que no pierda sus propiedades aromáticas, y sólo de mayo a junio. 

La ciudad de las Rosas

En Isparta, una pequeña región entre montañas, lagos y campos del sudoeste de Turquía, la jornada empieza de madrugada. A las cuatro de la mañana, cientos de recolectores recorren los campos para cortar a mano  esta variedad considerada entre las más valiosas del mundo. No es un capricho ni una tradición romántica: el rocío conserva intactas las moléculas aromáticas y, con los primeros rayos del sol, parte de esa riqueza comienza a evaporarse.

Entre finales de mayo y junio, aquí la vida gira alrededor de la cosecha. Los pétalos se someten a destilación por arrastre al vapor, tradicionalmente en grandes alambiques de cobre. El proceso suele realizarse en dos destilaciones consecutivas para recuperar hasta la última molécula aromática, así se obtiene primero aceite esencial y el luego agua de rosas. Hacen falta entre 3 y 4  toneladas de flores frescas para obtener 1 kilo de aceite esencial. Y cada gramo se cotiza aproximadamente en 12 mil euros. No por nada los perfumistas le dicen oro líquido. 

Vestigios de antiguas ciudades romanas perfectamente conservados a lo largo y a lo ancho del sudoeste turco. 

La cosecha se hace exclusivamente a mano. Una por una y sin dañar el arbusto. Hay que cortar justo por el cuello de la rosa, en turco decimos ´boyun bükmek´ que significa inclinar la cabeza como una reverencia, cuenta Gülşah riéndose y agrega, en inglés no suena tan bien como en turco.  Una gota de este aceite concentra cientos de moléculas naturales, tantos que ningún laboratorio ha logrado reproducir exactamente su complejidad aromática”. 

Se necesitan entre 3 y 4  toneladas de flores frescas para obtener 1 kilo de aceite esencial y cada gramo se cotiza aproximadamente en 12 mil euros. Los perfumistas lo llaman oro líquido. 

La ruta del perfume

Desde hace más de un siglo, Isparta abastece a las grandes casas de perfumería del mundo. Francia encontró en esta rosa una aliada para construir algunos de sus perfumes más emblemáticos. Pero existe otra historia, menos conocida y mucho más antigua, que une a esta flor con Oriente Medio.

Mucho antes de que existieran las grandes marcas de lujo, las caravanas atravesaban la región de Anatolia transportando seda, especias, incienso, maderas aromáticas y agua de rosas. Esas rutas comerciales conectaban el Imperio Otomano con Siria, Arabia y Persia, convirtiendo a la rosa en uno de los bienes más apreciados de la región. El perfume no era un accesorio: formaba parte de la vida cotidiana, de las ceremonias religiosas, de la hospitalidad y de los rituales de belleza.

Después de 60 años vendiendo a las principales casas de perfumería del mundo, Gülsah tienen su propia línea de productos. 

Mientras Europa desarrollaba una tradición perfumista centrada en la elegancia floral, el mundo árabe construía un lenguaje olfativo completamente diferente. Allí, la rosa nunca fue una protagonista solitaria. Siempre dialogó con ingredientes intensos como el oud, el incienso, el ámbar, el almizcle y el azafrán, materias primas capaces de transformar un aroma delicado en una fragancia profunda, cálida y envolvente.

Esa diferencia sigue definiendo hoy a la perfumería oriental. En una creación francesa, la rosa damascena suele acompañarse de iris, jazmín o peonías para expresar frescura y sofisticación. En una composición árabe, en cambio, la misma flor adquiere una personalidad completamente distinta. El oud potencia su costado terroso; el incienso aporta un halo casi místico; el azafrán suma calidez y el almizcle prolonga su presencia durante horas sobre la piel. La rosa deja entonces de ser romántica para convertirse en un símbolo de poder y refinamiento.

”Acá no hay máquinas, se cosecha a mano y se destila de la manera tradicional. No hay molécula sintética que nos iguale”. dice Gülşah Gürkan

Las grandes casas de perfumería del Golfo mantienen viva esa tradición. Firmas como Amouage, nacida en Omán, reinterpretan la rosa junto al incienso omaní y las maderas nobles. La saúdita Abdul Samad Al Qurashi, con más de 170 años de historia, combina la rosa damascena con la exclusiva rosa de Taif en aceites y perfumes inspirados en la tradición de los attares. Arabian Oud, una de las mayores cadenas de perfumería de Oriente Medio, la mezcla con almizcles y oud para crear composiciones de enorme persistencia. Son perfumes que no buscan pasar inadvertidos: están concebidos para dejar una huella.

Aunque la rosa de Taif, cultivada en las montañas de Arabia Saudita, posee una identidad propia y una producción mucho más limitada, ambas variedades comparten un mismo origen botánico y suelen convivir en numerosas fórmulas. 

Hoy, cuando el lujo vuelve a valorar el origen de las materias primas y el trabajo artesanal, Isparta ocupa un lugar privilegiado. No solo por la calidad de su producción, sino porque cada cosecha sigue dependiendo de un gesto ancestral: una mano que corta una flor antes del amanecer para preservar un aroma que viajará miles de kilómetros.

El camino a las rosas

Llegar a Isparta es también parte de la experiencia. Turkish Airlines ofrece la conexión internacional hasta Estambul, y desde ahí la ruta doméstica hasta la Ciudad de la Rosas. En una época en la que el verdadero lujo se mide por la calidad del tiempo, la Business Class propone una forma diferente de viajar. Con cabinas concebidas para el descanso, los asientos se hacen cama, entretenimiento de primera generación, y servicio personalizado, las largas horas de vuelo se convierten en un espacio de bienestar. La gastronomía de inspiración gourmet, con chef a bordo, merece todos los aplausos. El acceso a sus lounges completa una propuesta que redefine el concepto de hospitalidad en el aire. 

Las amenidades de Lanvin para los viajeros  business.