lunes 8 de marzo de 2021

SOCIEDAD | 05-02-2021 18:00

Salud feminista, ¿la nueva batalla?

¿Cuánto incide el género a la hora de recibir cuidados sanitarios? ¿Es la medicina, tanto para pacientes como profesionales, un campo de igualdad? La esperada promulgación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) reactualiza un tema de larga data.

Verónica, quien finalmente pudo ingresar al Hospital Italiano y ejercer como traumatóloga sin ese “filtro” inicial. Hoy, con 20 años de trayectoria, dice haberse encontrado con pacientes que admitían que operarse con hombres les daba más seguridad. Y rememora casos en los que la persona a punto de ser intervenida preguntaba “¿dónde está el doctor?”, sin siquiera pensar que podía tratarse de una mujer. 

Una antigua asimetría

Según la publicación “Género en el sector salud”, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Traumatología es una de las especialidades con mayor participación de hombres. Al igual que otras altamente masculinizadas, como urología, cirugía y ortopedia, tiene mayor remuneración de ingresos que especializaciones más “feminizadas”, como obstetricia y dermatología. 

Silencio Hospital


La publicación del PNUD es contundente. Señala que, en medicina, “los varones ocupan la mayoría de los cargos de jerarquía” y que las residencias médicas (necesarias para ser especialista y ascender en la carrera) suelen coincidir con la etapa reproductiva de las mujeres, lo cual produce tensiones para conciliar la vida laboral con el hogar.

¿El resultado? Si bien actualmente en Medicina se gradúan más mujeres que hombres, son ellas quienes se especializan en menor proporción. Pero no solamente las médicas sufren la violencia machista; también las padecen pacientes. 

Las desigualdades de género crean desigualdades en salud en muchos otros sentidos. Según la Organización Mundial de la Salud, las mujeres pagan entre 19 y 40 por ciento más de atención en salud, viven más años, tienen más necesidades de salud insatisfechas y hacen más cuidados no remunerados que los hombres (como ocuparse de bebés, niños y adultos mayores). 

 

Violencias silenciadas

En Argentina, el 13% de los nacimientos proviene de madres adolescentes y se calcula que 7 de cada 10 embarazos en esa etapa de la vida no son buscados. Allí hay un punto clave. En la maternidad las mujeres nos jugamos la vida.

No sólo por los abortos clandestinos, que finalmente ahora podremos dejar atrás de una vez por todas, sino porque cuando decidimos ser madres, en la sala de partos nos jugamos también la integridad y la dignidad. Sí, la violencia obstétrica puede noquear y dejar marcas psíquicas mucho más profundas e indelebles que una cicatriz de cesárea. 

Pero esa violencia es un aspecto silenciado de la práctica médica. De hecho, no hay cifras oficiales. Según un relevamiento del Observatorio de Violencia de Género, a 7 de cada 10 mujeres que tuvieron partos entre 2015 y 2018 les rompieron artificialmente la bolsa a pesar de que esa es una maniobra que no ha demostrado tener beneficios y conlleva riesgos.

Además, un 74% de las encuestadas reportó haber sufrido maltrato verbal y/o físico de parte del equipo médico. 

“Callate. Si no dejás de gritar te duermo por completo”. “Si tanto te duele, lo hubieras pensado antes”. “Las piernas van acá arriba y dejalas quietas, sino te atamos las manos también” son algunos de los improperios y denigraciones que recoge el libro Salud feminista, publicado en 2019 por Editorial Tinta Limón.

Julieta Saulo, autora de un capítulo y fundadora de la agrupación Las Casildas, señala que la violencia obstétrica es mucho más que un tema de dramáticos índices de “cortes” (gran cantidad de episiotomías), del excesivo uso de fármacos (por los partos medicalizados) y de intervenciones injustificadas (como tactos vaginales innecesarios).

“No es un problema médico ni científico, sino que se trata de un asunto cultural y político. Lo que sucede durante la atención obstétrica dominante (anticoncepción, embarazo, situaciones de aborto, partos/cesáreas y postpartos) no es otra cosa que el reflejo de una realidad a la que las mujeres se ven expuestas cotidianamente, pero con el volumen rozando el máximo”, escribe. 

Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), si bien en Medicina se gradúan más mujeres que hombres, son ellos los que ocupan la mayoría de los cargos de jerarquía.


Según Saulo, no nacemos fuera de contexto y “la violencia que sufrimos en esos procesos está íntimamente relacionada con el resto de los hechos de violencia machista a los que las mujeres nos vemos cotidiana y sistemáticamente expuestas”. 

Malena Correa, médica especializada en salud pública e investigadora del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) está llevando a cabo un estudio para conocer la frecuencia del maltrato durante el parto en maternidades.

Opina que “la medicina occidental es patriarcal por definición”. Asegura que la violencia obstétrica es “una práctica patriarcal dirigida a personas con posibilidad de gestar” y subraya que hay poblaciones especialmente vulnerables, como las personas con discapacidad, a quienes a veces se esteriliza sin que se hayan reunido los consentimientos necesarios. 

 

Moral, educación sexual y salud mental

El patriarcado queda al desnudo en ciertos “detalles” de la salud sexual. En hospitales públicos, por ejemplo, se entregan gratuitamente profilácticos masculinos, pero no preservativos femeninos, que existen (aunque son menos conocidos y más caros). 

La psicóloga y directora de programas de Fundación Huésped, Mar Lucas, considera que el cuidado en las relaciones sexuales (y lo que de ellas deviene para la salud femenina) hoy pasa porque la mujer negocie el uso de preservativo del varón. Y si él decide no ponérselo, la mujer queda en una situación de debilidad. 

 

Silencio Hospital


La moral machista se cuela en los consultorios ginecológicos.

“Yo creo que para una mujer es mucho más difícil (que para un hombre) confesar prácticas sexuales por fuera de una pareja estable. Es más difícil que una mujer le cuente a su médico/a que tiene sexo anal o hace tríos porque el peso moral, los estereotipos y prejuicios son mucho más fuertes en ellas. Ante esas situaciones, a las mujeres se nos ve como ´atorrantas´, pero está instalado que los varones, cuanto más sexo tienen, mejor”, opina Lucas. 

Mientras los estereotipos sociales amordazan a todas las bocas (y especialmente las que usan rouge) en Argentina hay 5.800 nuevos casos de VIH cada año, cifra que se suma a las 139 mil personas que viven con esa condición, según el último Boletín sida y Enfermedades de Transmisión Sexual de la Secretaría de Salud de la Nación.  

Pero parece que el patriarcado no pide turno sólo en ginecología. Desde la perspectiva de la salud mental, el psiquiatra Marcelo Cetkovich, director de Fundación INECO, asegura:  “Uno de los precios que paga la cultura patriarcal es la mayor incidencia de depresión en las mujeres”.

El especialista confiesa percibir que algunos de sus colegas toman más seriamente el intento de suicidio de hombres que de mujeres y explica que la mirada “selectiva” no es sólo de los profesionales de la salud, sino que atraviesa a la sociedad en su conjunto.

“En el imaginario popular, las mujeres tienen más problemas y son más débiles que los hombres, cuando todos sabemos que no es así. A las mujeres, entonces, les cuesta más hacerse escuchar y recibir la atención adecuada”, asegura, al tiempo que señala que a los hombres les resulta más complejo pedir ayuda psiquiátrica porque les es difícil reconocer su vulnerabilidad.

 

Corazón delator

Un estudio realizado por el Ministerio de Salud de la Nación reveló que las mujeres argentinas se preocupan más por la salud de su familia que por la propia. Esto significa que, por ejemplo, una mamá que se encarga de pedir el turno para que sus hijos visiten al pediatra, posterga sus propios chequeos.

Cabe preguntarse si esta preocupación en favor de la familia es un “mal argentino” o un padecimiento cultural sin fronteras. 

‘Si no dejás de gritar te duermo por completo’. ‘Si tanto te duele, lo hubieras pensado antes’. ‘Las piernas van acá arriba y dejalas quietas, sino te atamos las manos también’ son algunos de los improperios a pacientes que recoge el libro Salud feminista.

Un video realizado hace algunos años por la Sociedad Americana de Cardiología mostraba a una mujer que, a pesar de estar sintiendo los primeros síntomas de un infarto, seguía preparándole el desayuno a sus hijos.

La Dra.Verónica Volberg, jefa de consultorio externo de cardiología del Hospital de Clínicas y coordinadora del Grupo Corazón y Mujer de la Sociedad Argentina de Cardiología, no ve en ese video un vínculo con el patriarcado, sino ignorancia sanitaria:

“Las mujeres tenemos incorporado que nos tenemos que hacer chequeos anuales de mama y útero, pero no que debemos hacernos estudios para ver qué pasa con el corazón, cuando la primera causa de muerte de las mujeres es la cardiovascular”. 

El tabaquismo es justamente uno de los factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular. Marita Pizzarro, coordinadora de la Fundación InterAmericana del Corazon (FIC) y directora del área de tabaco de esa entidad, asegura que a nivel mundial el consumo de cigarrillos está creciendo en el segmento de mujeres y advierte que la industria tabacalera argentina está direccionando sus estrategias de marketing hacia las más jóvenes, con el daño que eso implica para su salud.

Pizarro describe estrategias machistas y cosificantes de algunas marcas, tales como contratar a promotoras bellas, llamativas y sexies para que regalen cigarrillos y tragos en festivales musicales masivos.  
Dijimos que el ámbito médico puede ser tan machista como una cancha de fútbol. Podríamos agregar que hasta que el patriarcado no se caiga, difícilmente deje de “contagiar” y salpicar machismo a médicos y pacientes. 

at Mariana Comolli

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