martes 26 de mayo de 2020

SOCIEDAD | Hace 5 días

La experiencia de repartidoras durante la pandemia

El covid-19 cambió la realidad de todos y todas. Dos repartidoras nos cuentan cómo fue la experiencia de adaptarse a esta nueva normalidad.

Ser repartidora de delivery es una opción rápida y accesible para conseguir un empleo. Si bien las diferentes empresas del rubro hace tiempo tienen pie en el país, con la  cuarentena aumentaron muchísimo los envíos y la cantidad de personas que se animaron a sumarse al trabajo a pesar del riesgo que conlleva el contacto con otros. Para muchas de las repartidoras la pandemia cambió su rutina de trabajo y se tuvieron que adaptar rápidamente a nuevos protocolos de procedimiento y a una ocupación casi full time de envíos y entregas, sea de comida, compra en farmacias, supermercados o decenas de opciones más. Lluvia, frío, desolación de las calles... nada detiene a los chicos y chicas del delivery, que muchas veces tienen un trabajo invisibilizado, pero muy necesario.

"Me sumé a Rappi porque necesitaba un trabajo adicional de medio tiempo, pero con el paso de las semanas decidí tener dedicación full time", cuenta Gloria Elizabth Brizuela de 30 años, quien agrega: "A raíz del covid-19 reparto con mucha responsabilidad cuidando mi salud y la de los clientes. Nunca dejo de usar barbijo y guantes, tengo mi alcohol en gel y el líquido para desinfectar la maleta de carga después de cada entrega". Por su parte, Andrea Pérez López de 54 años y repartidora de Uber Eats cuenta que toma muchas medidas de precaución. "Al principio, cuando comenzó la cuarentena, había cierta incertidumbre sobre cómo iba a continuar la situación, pero en el caso del delivery por suerte hubo un aumento de pedidos. Al poco tiempo fuimos entendiendo las medidas de seguridad y precaución que había que tomar.Además vemos que la gente también toma los recaudos necesarios, así que salgo a repartir tranquila usando todos los elementos de seguridad porque entiendo que es importante cuidarme y también cuidar al otro", detalla. 

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Ambas reconocen que la los clientes están siendo muy amables, solidarios y conscientes durante el confinamiento. "No recuerdo ninguna anécdota en particular de cuarentena, pero puedo decir que con la gente que pide me llevo genial, sobre todo con laos mayores", señala Andrea, a su vez que suma entre risas que en muchos restaurantes a los que va a buscar pedidos se sorprenden por su edad. Por su parte, Gloria acota: "La anécdota que más me marcó fue cuando recibí 1200 pesos de propina en mano de un cliente. Me quedé en shock, no podía creerlo cuando lo conté. Realmente fue un acto de generosidad enorme". 

 

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