miércoles 2 de diciembre de 2020

SOCIEDAD | 18-11-2020 14:47

Psicología: los peligros que se esconden detrás de los mensajes positivos

Tazas, libretas, cuadros y llamativas publicaciones en las redes sociales, nos recuerdan continuamente que la posibilidad de alcanzar el éxito personal está en nuestras manos. Pero… ¿eso es verdad?, ¿qué se esconde detrás de esos discursos?

Tenés que salir de tu zona de confort, ser la mejor versión de vos. No conformarte con poco. Ir por todo. No parar hasta que lo bueno sea mejor y lo mejor sea perfecto. Y, pase lo que pase, no olvidarte de ser feliz. Estas son tan solo algunas de las premisas que, bajo el nombre de “pensamiento positivo”, invaden nuestro cotidiano. La licenciada en psicología Eliana Tornatore escribe esta columna en la que problematiza sobre estos discursos. 

Son muchos los y las profesionales que cuestionan este tipo de ideas. El think positive y la autoayuda como bandera, parten de la peligrosa premisa de que una persona es la única responsable de su condición y que, de cierto modo, todo lo que nos ocurre o nos deja de ocurrir, es únicamente nuestra responsabilidad (por no decir nuestra culpa), desconociendo otros factores influyentes.

El problema radica en que los eslóganes motivacionales se utilizan para forzar a las personas a vivir en una especie de mundo feliz, en el cuál, aunque todo vaya mal, lo importante es mantenerse positivos, seguir esforzándose con una sonrisa pintada en la cara, y además mostrarle esto al resto, dar el ejemplo, que no pase desapercibido, que se note.

De esta forma, inevitablemente se empuja hacia determinados estándares de consumo y productividad.

Confiar ciegamente en estos eslóganes puede incluso iniciar un círculo autodestructivo, ya que el mensaje que transmiten tiene que ver con que, hagas lo que hagas, no es suficiente, que siempre podes/tenés, que seguir esforzándote para rendir más y más.

Esto puede llevar a un nivel de exigencia y perfeccionismo por estar a la altura de las expectativas que impondría la sociedad, resultando fatigante, frustrante y desencadenando sentimientos de culpa.

En casos más extremos, puede concluir en trastornos de ansiedad, viéndose las personas invadidas por dichos mensajes, que se transforman en exigencias, y dejan sin respuesta.

Ser feliz no es un tratamiento

En caso de personas en situaciones especialmente vulnerables, como puede ser una enfermedad, el atravesamiento de un duelo, entre otras, también debemos pensar en lo cruel que resultaría decirle, sabiendo el momento en el que se encuentra, que sonría y deje de quejarse.  

En situaciones así, este pensamiento positivo se convierte en un arma de doble filo, pudiendo resultar devastador. Forzar a alguien a aparentar ser feliz a toda costa, más allá de su padecimiento, puede incluso llevar a esta persona a aislarse de su entorno en los momentos de debilidad, por miedo a que se le reproche su tristeza o preocupación, ya que esto no es lo que se espera.

Importa tener presente que, ni las sonrisas curan, ni la felicidad es un tratamiento para una enfermedad. La presión por ser feliz pase lo que pase resulta antinatural, y hay momentos en los cuales la tristeza también es necesaria.

Las premisas de este pensamiento positivo, que van de la mano de los libros de autoayuda (muchos de los cuales terminan siendo best-sellers), intentan en ocasiones plantearse como una alternativa a la terapia real.

Y es en estos casos, en los cuales el paciente puede verse en una situación vulnerable, confiando en mantras y frases vacías, en lugar de buscar la ayuda psicológica correspondiente.

El problema radica en creer que, con tan solo seguir estos consejos motivacionales, que además aplicarían a todas las personas por igual, todo irá bien, casi como una solución mágica al mal del mundo.

El negocio de la autoayuda

Se observa como la “cultura del pensamiento positivo”, ha encontrado en ésta sociedad, el terreno fértil para propagar su mensaje. Se intenta el abordaje de los problemas, cualquiera sea su índole, de manera extremadamente rápida y superficial, casi como un maquillaje que solo tapa las imperfecciones por un rato.

De ahí que estas premisas pseudopsicológicas, tengan tanta recepción en el imaginario colectivo. Se ven cada vez más propagadas a través de las redes sociales, con su conocido alcance, que a veces puede resultar peligroso.

Pienso nuevamente en las personas que padecen trastornos psicológicos severos, pero también en los y las adolescentes en busca de modelos identificatorios, para los cuales la construcción de su personalidad con este discurso como horizonte, resulta preocupante.

Los contenidos de tipo motivacional suelen funcionar bien además, ya que son fáciles de convertir en productos de mercado, que se venden sin problema en un escenario de consumo desaforado, en el cual es prioritario lo que se muestra, el espectáculo, y la sentimentalidad vacía.

Resulta fundamental teniendo en cuenta el contexto descripto, saber y hacer saber, lo importante de cuestionar y repensar ciertos mensajes de recepción casi automática, y no enceguecerse frente a estos discursos, ya que no aplican a todos los casos por igual, y frente a determinadas situaciones, terminan volviéndose nocivos.  

at Eliana Tornatore

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