martes 19 de noviembre de 2019

SOCIEDAD | Hace 6 meses

Mercedes D´Alessandro: “La brecha salarial es el síntoma de inequidades más graves”

En el día del trabajador (y la trabajadora) la doctora en economía Mercedes D´Alessandro, apunta a pensar en las raíces culturales del problema del mercado laboral. 

Mercedes D´Alessandro, nacida en posadas, argentina, formada en la Universidad de Buenos Aires y con una extensa carrera en investigación y docencia desarrolló un amplio trabajo de divulgación económica mediante su participación en medios de comunicación y publicaciones para debatir temas de economía sin sesgos de género. La escritora se propone instalar el tema en agenda pública, convencida de que es la vía que podrá aminorar las distancias existentes en cuanto al desarrollo laboral y el poder real entre el género femenino y el masculino. 

Texto: Malen Lesser. 

¿Qué es la economía feminista? 
Es una forma de entender el proceso económico incluyendo las maneras en las que organizamos socialmente el trabajo, por ejemplo, variable determinante en la desigualdad. Si uno se enfoca en esas desigualdades que vemos todos los días entre ricos y pobres y la tendencia a la mayor concentración de la riqueza en pocas manos, tenemos un índice que dice muchas cosas. Pero si a eso se le traza la perspectiva de género, vemos datos como que por ejemplo el 70 por ciento de los pobres del mundo son mujeres. Hay que mirar el rol que tienen las mujeres en el sistema productivo y éste no está vinculado a lo que suele medir y mirar la economía: salario, inflación, tipo de cambio. Fuera de ese campo, ligadas a esos fenómenos, hay actividades productivas que las mujeres realizan que, al no tener precio, parecieran quedar fuera de la economía: cuidar niños pequeños, llevarlos, traeralos, alimentarlos, limpiar, cocinar. Todo esto no tiene valor de mercado, pero sí costo para quién las realiza: el tiempo y la fuerza de trabajo. La cantidad de horas que las mujeres dedican a esas tareas es el triple que las que le dedican sus pares. 

¿Cuáles son las consecuencias?
Eso hace que las mujeres no puedan salir al mercado laboral, quieran o no. O cuando salgan, lo tengan que hacer por menos horas para poder compatibilizar con todas estas tareas domésticas, lo cual viene acompañado de pocas posibilidadades laborales, de crecimiento y peores pagos porque nadie prioriza a quién trabaja la mitad del tiempo. Son triples jornadas, se ocupan de la casa, los chicos y trabajan. Esto repercute en su posibilidad de proyectarse, pensarse, priorizar su salud, actualizarse en su área o buscar un mejor puesto de trabajo. 

¿Esto explica la brecha salarial?
En parte, pero es mucho más complejo. Subyace también una inmensa cuestión cultural que actúa por debajo. Ana Mallimachi, doctora en Ciencias Sociales de la UBA, cuenta sobre las mujeres inmigrantes e indígenas que son tomadas para puestos de servicio doméstico. Nadie les pregunta si saben lavar, cocinar, planchar. Asumen que lo saben hacer porque son mujeres. Pareciera que nacemos con el costurero debajo del brazo. Entonces, la brecha salarial es la parte visible de esta desigualdad invisible, porque cuando nos preguntamos por qué las mujeres ganan menos que los varones, hay un montón de motivos. Algunos relacionados con las tareas domésticas, pero ahí podemos preguntarnos qué imaginamos que es el rol femenino y por qué. Aunque un jefe y una jefa en un determinado sector ganen parecido, hay menos mujeres con chances de acceder a un puesto así, a ocupar empleos en los sectores más dinámicos, con poder real y oportunidad de crecimiento. La primera ocupación de las mujeres es el servicio doméstico, el empleo más precarizado -arriba del 76 por ciento- y peor pago. Nueve de cada diez personas del sector son mujeres. Le sigue la maestra y la enfermera. Son extensiones de lo que la mujer hace dentro del hogar: cuidar, enseñar, limpiar.

¿Cuál es el papel de la maternidad en todo esto? 
Existe una penalización por la maternidad. Hay estudios que muestran la curva de asenso y desarrollo laboral. Al inicio de la carrera ellas y ellos van a la par, con salarios similares, pero en edad reproductiva, en general las chicas tienden a retirarse del mercado por un tiempo, dedicarle menos horas o recortar en su formación si se mantienen trabajando. Dejan de lado congresos, viajes de la empresa, perfeccionamientos. Ellos no encuentran obstáculos, siguen desarrollándose. También influye a la hora de la contratación. Las licencias son de dos días para varones y de 90 para mujeres. Lo que ocurre entonces es que cuando miras unos años después la brecha se empezó a ampliar. Y hablo de penalización económica porque las expulsan del mercado laboral: si no hay medios para pagar una niñera o no hay quién cuide a tus hijos vas a tener que retirarte para hacerlo. Si te quedás, igualmente parte del salario será destinado a sostener el cuidado tercerizándolo y aparte hay que pensar en los hogares sostenidos sólo por una mujer. Nueve de cada diez familias monoparentales son económicamente llevadas adelante por una mujer. Es por eso que la pobreza tiene cara de mujer. 

¿Las millennials vienen a cambiar algo?
La tasa de desempleo en mujeres es más alta y la franja etaria más preocupante es la que está por debajo de los 29 años. Las que, además, están en edad reproductiva. En la imaginación aparecen como chicas cool sentadas diseñando con uñas de colores y pin de unicornio, pero en argentina están desocupadas, precarizadas y bicicleteando con servicios como Rappi o Glovo. El 38 por ciento son pobres. Debemos facilitar políticas públicas pensando en las nuevas generaciones. 

¿Qué acciones concretas pueden sumar a la igualdad? 
Si desde el estado se proporcionan lugares de cuidado maternal esto aliviana muchísimo, porque hoy en el país sólo 3 de 10 acceden a un espacio de primera infancia. También apuntaría a reformar el esquema de licencias por maternidad. Y por supuesto, propiciar políticas que ayuden a revertir desde la educación estos procesos. Hay otros determinantes también, las mujeres tienden a tener menos capital social, a relacionarse menos, a tener menor acceso al crédito y a las finanzas en general y menos confianza en su potencial. Estamos llenos de roles referenciales masculinos ligados a la potencia, la capacidad de cálculo, el despliegue del total de sus capacidades. Es hora de abrirlas. La brecha salarial es fundamentalmente de derechos, para lo cual habrá que construir entre todos la nueva masculinidad y la nueva feminidad.

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