jueves 9 de abril de 2020

SOCIEDAD | Hace 2 meses

Todo sobre el himen

En su nueva columna, Tati Español se mete con los mitos y verdades del tejido que tanto interés acaparó a lo largo de los siglos. ¿Por qué mucha gente piensa que sangra? ¿Para qué sirve?

Hoy vamos a hablar del himen, esa parte de nuestro cuerpo que más carga social y cultural tiene. Y ha tenido. Durante siglos, de hecho, se tomó a esta membrana como prueba irrefutable de si habíamos tenido relaciones sexuales o no .

Primera, y vital observación: la penetración no es la única manera de tener un encuentro sexual, hay muchísimas otras maneras de conectar y encontrar placer con otra persona, alcanzar orgasmos y mantener una relación sexual activa. Por lo tanto, que tengamos un himen intacto no significa que no hayamos tenido relaciones sexuales.

Lo único que podría indicar es que no fuimos penetradas…. Peero… ¡Tampoco es prueba de ello!

Si venís leyendo mis columnas, ya sabés que todas las vulvas sin diferentes, ¡todas! Así como todas las caras difieren entre sí, lo mismo pasa con las vulvas, todas tienen las mismas partes, labios, clítoris, monte de venus, etc, pero todas tenemos diferentes configuraciones de esas partes, diferentes colores, medidas, formas y asimetrías.

De la misma manera, todos los hímenes son diferentes, todos.

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Y ya que estamos, definamos bien de qué hablamos. El himen es un tejido mucoso que se encuentra en la entrada de nuestra vagina, y que la puede cubrir de manera parcial o total. Es muy difícil de identificar y notar, pero es parte de nuestra vulva cuando somos niñas.

Todos los hímenes son diferentes, hay múltiples formas posibles, hay hímenes enteros, hay hímenes que solo recubren la parte superior, o inferior, otros que tienen varias perforaciones pequeñitas, otros que solo tienen una línea en el medio y hay hímenes muy elásticos y otros no tanto. ¡Es más! Hay gente que nació sin himen.

Es importante remarcar acá que el himen es un tejido que va cambiando en nuestros primeros años de vida. Se puede modificar, desgarrar y cambiar a medida que crecemos, podemos haber nacido sin himen, pero también puede desgarrarse con cualquier tipo de actividad física, e incluso puede llegar a ser tan elástico que no se modifique durante nuestra primer penetración. Hay gente que conserva restos visibles del himen después de varios encuentros sexuales con penetración.

Entonces, hay todo un abanico de posibilidades.

La realidad, es que es un pedacito de tejido, que nada tiene que ver con cómo hayamos vivido nuestra vida sexual hasta el momento, no debería tener importancia alguna. Sin embargo hay culturas donde es un riesgo tan grande para las mujeres no tener himen, que existe la himenoplastia, la reconstrucción  del himen.

Y no tan alejados de esa idea, en nuestra cultura, el himen muchas veces fue y es motivo de miedo en la adolescencia  “¿Lo tendré, no lo tendré? ¿Lo notará la otra persona o no? ¿Me va a doler cuando se rompa? ¿Me va a sangrar?

Pero la realidad es que nada de todo eso importa, porque no cambia nada, lo que sí es importante es que, si querés, comuniques la otra persona, si es la primera vez que vas a ser penetrada, o si es tu primer encuentro sexual, para que lo tengan en cuenta, pero nadie puede notar si tenés himen o no. Obviamente siempre es válido sentir molestas durante la penetración (recordá que casi siempre es necesario mucho tiempo de otros tipos de estímulos antes de la penetración) y es importante que en ese caso las comuniques y frenes si es eso lo que deseás.

El himen no duele, el himen tampoco sangra.

Y acá llegamos a uno de los mayores mitos respecto al himen, la sangre.

Si en tu primera penetración te encontraste con sangre, nada tiene que ver con el himen, sino con las paredes de la vagina (adentro de la vulva) que nunca habían sido estimuladas aún. Para que la penetración sea placentera, hace falta haber sido estimulada correctamente antes, y estar lubricada (o usar lubricación externa) y para lubricarse hace falta estar relajada y excitada.

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Si no estás lubricada correctamente, la penetración no es fluida, y pueden desgarrarse un poquito las paredes de la vagina generando la tan famosa sangre. Pero esa sangre viene de ahí nada más, de las paredes de la vagina, no del himen.

Y como vivimos en una cultura que gira en torno al coito, al sexo del pene en vagina, y nos inculcaron tantas cosas monstruosas y terroríficas sobre nuestra “primera vez”, es lógico no poder relajarse, por ende no poder lubricar. Por eso muchas veces sangramos en nuestra primera penetración.

Recordá siempre hay que hay muchísimas más maneras que la penetración para disfrutar sexualmente, y que muchísimas mujeres encuentran su placer y orgasmos lejos de la penetración.

El coito es una práctica, una sola, dentro del enorme abanico de posibilidades que el sexo nos da. Por lo que la primera vez que fuimos penetradas no marca nada en nuestra vida. En cambio sí lo marca la primera vez que sentimos placer, que tuvimos orgasmos y que exploramos nuestro cuerpo en conjunto con el cuerpo de otra persona.

Y entonces, ¿para qué tenemos un himen? La verdad es que no sabemos aún, algunos especialistas dicen que es simplemente un resto embrionario que quedó ahí desde que formamos nuestros genitales cuando éramos un feto en la panza de nuestra madre.

Otros, en cambio, dicen que tiene la función de proteger nuestra vagina de la entrada de microbios en nuestros primeros años de vida. Una vez ya desarrolladas crecen los pelos y labios internos y son estos quienes pasan a cumplir esa función protectora.

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