SOCIEDAD | Hace 5 meses

Diana Maffía: “La masculinidad también se construye"

Frente la revolución de las mujeres, el rol de los varones en este tiempo se replantea constantemente. Una de las voces más lúcidas del feminismo nos ayuda a comprender cuál debe ser su lugar.

Las noticias de los últimos meses en argentina se han visto teñidas de aspectos muy dolorosos para el sexo femenino. Violencia de género y el debate por la ley en favor del aborto son los temas que ocupan la agenda. Diana Maffía es doctora en Filosofía, docente de la Universidad de Buenos aires y una de las voces más lúcidas y respetadas dentro del movimiento feminista. Con ella hablamos de cómo se vive la masculinidad hoy y tras el terremoto de la ola verde. –

¿Por qué se habla hoy de “nuevas masculinidades”?

 Yo creo que uno de los efectos del movimiento feminista del último tercio del siglo XX, lo que se llama la segunda ola feminista, fue un cambio en la consideración de las vidas privadas. El eslogan aquel de “lo personal es político” decía que todas esas incomodidades que las mujeres de aquella época sentíamos cotidianamente tenían que ver con los estereotipos de género en la vida doméstica, en los vínculos interpersonales, en la maternidad, en el trabajo. Eran pequeños malestares que supuestamente las mujeres sentían encerradas en sus casas porque no contaban con un espacio público para hablar de ello. Entonces si había algún descontento, eso era problema de la mujer, no del sistema. Hasta que las mujeres no salieron a lo público, se reunieron y hablaron entre ellas no se produjeron cambios en los roles sociales. Y hoy, medio siglo después, los varones en otra generación empiezan también a atravesar un descontento.

¿Podría caracterizar mejor esa sensación?

 -Es una insatisfacción que atraviesa sus vidas privadas y que no se limita a la observación solidaria de aquello que les pasa a las mujeres en casos de violencia de pareja o femicidios. Creo que también a ellos convivir en relaciones de pareja o de paternidad les plantea que no quieren repetir los roles de opresión ni muchos menos los vínculos violentos que han observado en su infancia. Eso que han sufrido sus abuelas, madres o hermanas.

¿Pero ellos hablan de estos temas, tal como sí lo hacen las mujeres?

 -No, para nada. Porque hay que decir que si bien nosotras estábamos encerradas en lo privado y no teníamos espacios públicos en los cuales discutir estas cosas, los fuimos logrando. Logramos estar en los trabajos, en la academia, en las empresas, en la política. Para los varones, en cambio, parte de su identidad de género es no hablar de su vida íntima, de sus emociones ni de sus cuestiones privadas. Y, mucho menos, ser “inestables” en cuanto a la masculinidad porque en ese caso sus pares varones se lo hacen notar. Un varón que expresa dudas sobre cosas que son privilegios de los hombres empieza a ser castigado por los propios pares.

¿No hay espacios adonde hablar de estas cosas?

 -Hace muchos años que yo trabajo académicamente en cuestiones de feminismo y de masculinidades. He tenido varones y mujeres como alumnos, alumnas y alumnes, de diversas identidades. Y hasta no hace tanto no había demasiados trabajos académicos sobre masculinidad. Recién a fines de los ochentas comenzaron a salir algunos trabajos teóricos en dos líneas sobre todo: una, centrada en el daño que les produce a los varones la falta de expresión de su emocionalidad. Este modelo de masculinidad individualista, competitiva y violenta para imponer su posición genera resultados que muchas veces son dañinos para los propios varones. La otra línea de trabajo sobre el tema fue menos psicológica y más sociológica, y puso el acento en la apropiación del poder por parte de los varones. El modo en el que ese poder se impone, que es violento, y cómo ese ejercicio del poder impone un rol a los varones que se destacan en la guerra o en la política.

¿Cómo impacta eso en las mujeres?

 -Si se mira a los barrabravas o a los sindicalistas queda claro de qué manera estos territorios de exclusividad masculina resuelven las disputas de una manera violenta. Cosa que, por lo demás, hace que las mujeres se inhiban de participar porque ese ritual es típicamente masculino. Los hombres se distribuyen a  las mujeres patrimonialmente. Entonces, la mujer que se quiere “enajenar” porque se quiere ir o los quiere abandonar va a ser asesinada. Porque es su patrimonio y porque él decide sobre la vida de esa mujer.

“La maté porque era mía”, como dice el tango…

-Claro. Y muchas veces hasta se plantea de esta manera: si no es mía, no va a ser de nadie. Y la matan. Por eso, esta segunda línea de investigación en masculinidades pone el énfasis sobre todo en los modos de la violencia como imposición y en la forma en el que los varones se apropian de terrenos enteros de la actividad humana en los que las mujeres no pueden entrar y  ellos imponen una regla que es amenazante para ellas. Parte de la evolución feminista en este momento, entonces, tiene que ver con no sólo haber logrado ingresar a esos territorios sino haberlo hecho con una masa crítica de mujeres que permite ir cambiando lo institucional.

¿Cambiando de qué modos?

 Cambiando los modos en que se dirimen conflictos o se hacen prevalecer posiciones. En cuanto a las masculinidades, este es el tiempo de las masculinidades no hegemónicas. Hay maneras de ser varón que no son las hegemónicas y que los otros varones minimizan o consideran subalternas. Es el caso de los gays, los trans y el de todos los otros varones que piensan en otra masculinidad. Y, dentro de esta nueva masculinidad, muchos jóvenes han comenzado a reunirse para pensar en sí mismos, en los otros y en las relaciones entre varones y mujeres. Ellos son los que están comenzando a considerar, por ejemplo, cuáles son las cosas que dentro del patriarcado son una carga para los varones y no un privilegio. Son hombres que rompen con el estereotipo porque toman conciencia de que –así como la feminidad se construye- la masculinidad también.

Varones  inspiradores

 Ni machos ni fachos es el lema de Elva (Encuentro latinoamericano de varones antipatriarcado) que a fines del año pasado se juntaron en su VII encuentro realizado en  Buenos Aires. Con debates y talleres expertos en el tema y miembros de diferentes espacios políticos buscan deconstruir colectivamente los machismos para edificar una sociedad un poco más igualitaria. La octava edición se llevará a cabo en Uruguay con fecha a confirmar y concurrencia libre y gratuita.

at Texto: Fernanda Sandéz

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