lunes 21 de octubre de 2019

PERSONAJES | Hace 3 meses

Mary Quant: descubrí a la mujer que popularizó la minifalda 

Londres era una fiesta cuando la diseñadora impulsó una revolución con la minifalda como herramienta. Y ahora la historia la reivindica con una exposición de su legado en el Victoria & Albert Museum. 

Londres, mediados de los 60. La noche cae sobre King’s Road y mientras la oscuridad y el silencio atraviesan otras tiendas del barrio, cerradas hasta la mañana, la movida se concentra en Bazaar. Música alta, vino y el look del futuro: minifaldas, minivestidos con cuello Peter Pan, medias estridentes, zapatos de taco kitten. Fin del clasismo.

Entre los percheros se reúnen tanto duquesas como secretarias en busca de los mismos vestidos. El capital más preciado es el talento, la juventud, y todas quieren ropa lo suficientemente cómoda para correr, saltar y bailar. Detrás de todo esto hay una diseñadora tan chispeante como sus clientas. Mary Quant. 

Célebre “inventora de la minifalda” (además de los minishorts y los minivestidos), hoy Quant desmiente el mito. La primera mini de la historia recorrió la pasarela de André Courrèges un año antes que la de la inglesa. Sin embargo, el mérito tampoco se lo lleva el francés, cuyo “invento” quedó aislado en la inaccesibilidad de la alta costura. Según ella, las artífices de la prenda son las chicas de King’s Road. Las mismas que contradecían a sus madres, descartando cinturas de avispa, guantes y sombreros estrambóticos en pos del libre movimiento. Liberación femenina.

Los padres de Quant eran maestros provenientes de familias obreras. Por más que dejaran a su hija cortar sábanas y jugar a hacer vestidos, esperaban que se convirtiera en profesora de secundaria.Las dos generaciones llegaron a un acuerdo: ella no estudiaría diseño de moda, pero sí bellas artes en la University of London.

Durante una clase de ilustración conoció a su marido y futuro socio, Alexander Plunkett Greene. Juntos frecuentaron la bohemia de Chelsea en los 50 y, mientras Mary trabajaba con el sombrerero danés Erik, Alexander adquirió el edificio Markham House para montar su propio restaurant, Alexander’s, y la tienda donde empezó todo: Bazaar.

Hasta el momento, las boutiques de moda habían sido regentadas por gente mayor y tomaban sus diseños de los salones de París. Mary y Alexander trasladaron el foco hacia jóvenes como ellos, cada vez más presentes en la televisión y la movida nocturna.

Después de la austeridad de la posguerra, en Inglaterra se alzaba una generación despreocupada, ávida de diversión y cultura. Bazaar fue cuna de esta revuelta juvenil (aka Youthquake), representada por tribus como los Mods.

Al frente de la curaduría del local, Quant empleó recursos innovadores para satisfacer la demanda. Encargaba accesorios a estudiantes de arte y medias excéntricas a vestuaristas de teatro. A falta de diseñadores que compartieran su visión, y tras el éxito de un pijama que había realizado para la apertura, Mary Quant tomó las riendas de la creación. Por la noche tomaba clases de costura, donde confeccionaba los modelos que vendía al otro día. Todo se renovaba con el dinamismo de sus adeptas, en permanente búsqueda de lo nuevo.

El estilo de la diseñadora, bautizado “Chelsea look”, se construyó sobre pilares heterogéneos. Una bailarina de tap con falda tableada, pantimedias negras, soquetes blancos y zapatos de charol. La ropa de Alexander. Una chaqueta Norfolk. Las camisas de su abuelo. El uniforme del colegio. Musas que dieron lugar a líneas simples, liberadoras, tanto en algodón como en PVC. En sus presentaciones, inéditas para la época, las modelos bailaban jazz con una copa de champagne en una mano y un libro de filosofía en la otra. Londres, nueva capital de la moda.

Más allá de la ropa, el look se remataba con peinado de Vidal Sassoon y make up futurista. Debido a la escasez de colores en maquillaje, Quantse “pintaba” con crayones y acuarelas. Hasta que también imprimió su logo (una margarita de cinco pétalos) sobre los cosméticos de Mary Quant Colour, cuya primera campaña la shooteó Richard Avedon.

Esta incursión convirtió a Quant en pionera del “polirrubro” y dio pie a una expansión mundial de casi cuarenta años. Una segunda línea más accesible, Ginger Group. Zapatos. Ropa interior. Trajes de baño. Boinas. Textiles y mobiliario.

Corbatas modeladas por Sassoony el escritor Kingsley Amis. Cremas para hombre. Ropa infantil.Dos muñecas, Daisy y Havoc, con prendas y complementos personalizados. Incluso intervino el auto Austin Mini, allá por 1988, dotándolo de tapizado rayado y detalles rojos.

A través de los años, Mary Quant ha recibido reconocimientos como la Orden del Imperio Británico, un espacio en el Hall de la Fama del British Fashion Council y el título de Dama. Ahora, hasta el 16 de febrero de 2020, su legado estelariza una muestra homónima en el Victoria & Albert Museum de Londres.

Algunas de las doscientas piezas en exhibición fueron reclutadas mediante las redes sociales con el hashtag #WeWantQuant. Homenaje a las verdaderas estrellas, sus clientas.
 

at Matías Tortello

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