jueves 21 de marzo de 2019

PERSONAJES | 1 month ago

Carla Quevedo: “No quise ni quiero ser actriz”

Carla Quevedo reparte su vida entre la actuación, la escritura, la lucha feminista y su noviazgo con Pedro Rosemblat pero lo hace en el constante movimiento de vivir entre Buenos Aires y Hollywood.

Una profesora de la Secundaria aseguraba que leía el futuro. Entonces se tomó el tiempo de decirle a los 30 alumnos de la clase en la que estaba Carla Quevedo a qué se dedicarían. “Actriz”, le dijo la docente y ella totalmente descreída no le hizo caso. “Ahora pienso que es tremendo lo que hizo porque nos condicionó a todos con apenas 18 años”, cuenta. A Quevedo (30) ni se le cruzaba por la cabeza ese oficio, es por eso que se anotó en la carrera de Diseño de Indumentaria y luego Letras -abandonó ambas- hasta que con el afán de independizarse comenzó a trabajar en cortometrajes. Así, como quien no quiere la cosa, se fue abriendo camino en la actuación. Debutó en cine en El secreto de sus ojos y se destacó en Argentina en El maestro y en Hollywood en la serie Show me a Hero. A semanas de volver a la televisión argentina con la serie Monzón (por Space) se encuentra en Los Ángeles buscando cuál será el próximo paso de su zizagueante camino.

 -Claramente como le pasó a muchísimas actrices la vocación te encontró a vos... -

(Interrumpe). No. A riesgo de quedar como una desagradecida voy a decir que no quise ni quiero ser actriz. Es más, no sé lo que quiero ser. Nunca me lo planteé ni fue un deseo. Sí era algo que tenía muy naturalizado desde lo lúdico. Recuerdo que mis papás tenían una cámara filmadora con casette de 8 mm y filmaban los cumpleaños. Muy egoístamente yo me escondía y me grababa haciendo morisquetas o dibujándome caras en el ombligo. En ese vínculo fue la primera vez que me sentí cómoda, encontré una relación con un otro que no existe basicamente (risas). Un ente que no juzga ni tiene opinión, eso me permitió explorarme y experimentar quién era yo.

 -Entonces, finalmente la actuación se transformó en tu principal ocupación...

 -Es de lo que trabajo, me cuesta mucho decir que soy actriz porque no siento que sea un oficio que me define. Tengo la suerte de dedicarme a algo que me encanta, pero hay otras cosas que siento más cercanas a mí, como la escritura.

 -¿Vivís en Los Ángeles o en Buenos Aires? –

Ay no sé que responder. Creo que resido allá y vengo a Argentina de visita, ya sea a ver a mi familia o a sumarme a algún proyecto. Ahora en Estados Unidos estoy haciendo castings, como siempre. Es la historia de mi vida.

 -¿Cómo te llevás con las audiciones? –

Me las tengo que bancar. Son una cagada porque ninguna audición es justa. Es como tener una entrevista laboral todos los días. Mañana tengo un casting online y desde ayer a la tarde estoy estudiando y practicando como loca. Lo peor es que después me pasa como en la película La la land: entro, me miran, no creen que soy la indicada para el papel y se la pasan mirando sus celulares sin prestar atención. Se supone que no debería tomármelo como algo personal, pero es imposible que no me afecte, siempre siento que no soy suficiente y ese trauma me atraviesa. Hacer castings es enfrentarme al rechazo todos los días de mi vida por un par de aplausos una vez por año.

 -Dicen que Los Angeles es una ciudad muy difícil para vivir, ¿pensás igual? –

De los 20 a los 30 residí allá y un tiempo en Nueva York. Son dos sitios totalmente diferentes. Los Ángeles se parece a un novio bueno que te trata bien y que te responde todos los mensajes; Nueva York, todo lo contrario, es un lugar de puro contraste, un pibe jodido. A mí de chica me gustaba más lo complicado, pero ahora me siento cómoda con lo estable y balanceado. Lo que sí es difícil es conocer gente porque todo el mundo es de la industria, hasta el mozo que te atiende en el café quiere triunfar en Hollywood...Y todos estamos en el mientras tanto.

-¿Se trabaja muy diferente en comparación con Argentina? –

Sí, porque hay mucha plata y eso compra tiempo y capacidad de producción. En Argentina no falta talento, pero las condiciones no son iguales. Si todos rodáramos dos escenas por día como en Hollywood, seríamos Kevin Spacey (risas).

 

ENTRE LA PANTALLA Y LAS LETRAS

-¿Cómo fue la experiencia de filmar Monzón? –

¡Increíble! Mucho más intensa de lo que imaginaba. La primera escena que filmamos fue la del crímen. Fue fortísima y no se compara con lo que sufre alguien en la realidad, pero hubo que ponerle mucho el cuerpo y el corazón. Aparte pensar que la violencia sólo existió esa noche es absurdo, fue toda una vida de sufrimiento.

 -¿Estabas al tanto de la vida de Alicia Muñíz antes de aceptar la propuesta? –

Poco, ya que nací el año en el que a ella la asesinaron. Es más, sobre Monzón sólo sabía que era un campeón mundial devenido en femicida. Parte de nuestra lucha como mujeres feministas es darle la voz a la víctima y no al criminal, por eso reflexioné mucho acerca de la serie antes de aceptar la propuesta. Pero leí los guiones y me convencí de que era importante realizarla para contar bien la historia y mostrar que un ídolo popular también puede ser un asesino. –

Previamente mencionaste que no te sentías actriz, ¿te sentís escritora? –

Me pasa parecido, soy siempre una mujer de opuestos, contradictoria. Me cuesta mucho autoproclamarme, es algo a lo que aspiro y me gustaría eventualmente apropiarme de esta profesión. Siento que no me merezco nada y todo lo bueno que me sucede en realidad le pasó a otra, soy demasiado culposa. La primera vez que gané un premio en Los Ángeles por un corto la llamé a mi mamá llorando y diciéndole que esa gente me lo había dado para reírse de mí (risas). De hecho, lo sigo sientiendo así: estoy convencida de que me lo dieron por pena. Me cuesta apropiarme de las cosas, como con la escritura. Más allá de si está bueno lo que hago o no, cuando escribo es el momento que me siento más cerca de mí misma, es donde soy sincera.

 -¿Qué escribís? –

Lo único que no escribo son guiones y cuentos, voy por la vida dictándole a Siri mis ocurrencias. Este año se publica mi primera novela. ¡Me muero de los nervios! También escribo mi diario íntimo, cartas de amor y muchas de reclamo. Me encanta escribir quejas a las aerolíneas y a todos los servicios públicos. Soy la peor clienta, actúo siempre de señora indignada (risas).

 -¿Qué más te gusta hacer? –

La comida rige mi humor. Soy como un bebé, necesito dormir y comer. Además amo estar tirada sobre la alfombra junto a mi perro lamiéndome el brazo o ir al parque con mi novio. Todo lo que sea en posición horizontal me encanta (risas). Disfruto de fantasear con estar en otro mundo mientras vivo en el que me toca.

 

ESO TAN COMPLICADO LLAMADO AMOR

-Cuando ponés tu nombre en Google aparece inmediatamente un título que sorprende: “Me cuesta la vida en pareja”. Hoy estás de novia con el humorista e influencer Pedro Rosemblat, ¿te arrepentís de haber dicho esa frase? –

Cuando lo dije recién nos estábamos conociendo y Pedro siempre me lo recuerda (risas). Todo el tiempo me echó en cara y lo peor es que es verdad que me cuesta la vida en pareja. Durante toda mi vida hice de todo y con mucho compromiso: basquet, patín artístico, pintura, canto, natación... De todo eso me aburrí muy rápido y los mismo me pasa con las personas. Entonces, cuando encuentro algo que me gusta, sea un escritor, un restaurante o un hombre, soy súper fiel. Siempre me costaron los vínculos, soy más bien solitaria y me llevo bien con eso, pero cuando conecto con alguien esa relación suele ser fuerte y soy muy Susanita.

 -¿Hacés terapia? –

Sí, la terapia me salvó la vida, suena a título, pero es cierto. Fui 11 años con la misma psicóloga y hace un mes decidió dedicarse a otra cosa y me liquidó. Ojalá lea esto y se sienta mal. Fue peor que una ruptura amorosa, es más, las sesiones con la nueva giran en torno a este abandono (risas).

 -Imaginemos... ¿Cómo te ves en unos años? –

(Piensa). Soy siempre el plan B de todo entonces me cuesta imaginarme bien porque siempre me planteo escenarios horribles, de perdedora. Tengo dos caminos que deseo con igual énfasis: que mi carrera siga creciendo, pero no quiero ser la estrella del momento. Igualmente, si no lo fui hasta los 30 no voy a serlo porque esta sociedad machista no me va a dejar (sonríe). Por otro lado, me imagino en una playa, viviendo en una casa de madera con mi novio, tres chicos, un clon de mi perro y escribiendo y tomando mucho café. Sueño con retirarme del mundo. Es un pensamiento bastante recurrente (risas).

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