viernes 23 de agosto de 2019

MODA | Hace 1 mes

Plataformas: ¿por qué nos gusta caminar sobre esos ladrillos con taco?

Para el verano, las grandes firmas internacional apuestan por un calzado que nació en la Antigua Grecia, fue reinterpretado en España y adoptado por las 'geishas'.

Si te resulta imposible disociar los zapatos de plataforma del mundo del espectáculo es porque ahí encuentran su origen y hábitat natural. El grupo Abba, las drag queens, la reina Letizia... todos estos 'artistas' han hecho suyo un tipo de calzado que nació como elemento del arte dramático.

Coturnos era el nombre que recibían las plataformas que los actores se ataban con tiras de cuero hasta la pantorrilla en la Antigua Grecia. La altura que ganaban superponiendo suelas variaba en función de la importancia del personaje que interpretaban, brindándoles visibilidad sobre el escenario y procurando una impresión mayor ante el público.

El sexo femenino –en especial, las meretrices– los encontró tremendamente favorecedores y los fue copiando gradualmente de los actores, de ahí que algunos expertos apunten a los coturnos como predecesores del calzado contemporáneo de plataforma y tacos. A los pies de las mujeres, se propagaron de Grecia a Roma, desde donde llegaron a integrarse en nuestro lenguaje.

Hoy en día, 'calzar el coturno' significa emplear un estilo elevado (sobre todo, en poesía), y 'de alto coturno', de enorme categoría. La pista de las plataformas se pierde desde entonces, hasta el siglo XIV, donde reaparecen en forma de kabkabs, unos zanquitos diseñados para proteger los pies durante el Imperio Otomano. Se hicieron indispensables en los baños turcos, donde las piedras calientes y el agua se acumulaban en el suelo provocando resbalones, y también en exteriores, debido a la suciedad de las calles. Al principio eran de madera, y más tarde, se les añadió una suela metálica. Iban sujetos al empeine con una banda de cuelo y tela.

Herencia española

Cien años más tarde, España alumbró los chapines, un nombre de origen onomatopéyico, asociado al 'chap, chap' que se producía al caminar con ellos. De origen castellano y levantino, incorporaban una ligera suela de corcho y un fino forro de cordobán (cuero labrado), y fueron adoptados por las clases privilegiadas de la corte española entre los siglos XV y XVIII: Cervantes (Rinconete y Cortadillo), Quevedo (Romances) o Lope de Vega (El perro del Hortelano) hacen referencia a estos zapatos en sus obras. Catalina de Médici, a la que se describe como una mujer bajita y delgada, fue la responsable de que los chapines se popularizaran en Italia. Allí surgió una versión durante el siglo XV que las damas de la nobleza ocultaban bajo las faldas. ¿Su función? Hacerles ganar altura. Algunos modelos alcanzaban los 75 cm, por lo que sus usuarias se veían obligadas a caminar con la ayuda de bastones y de una o dos sirvientas. Se las definía como "mitad mujer, mitad madera".  

Interpretación oriental

Desde el periodo Edo (1603-1867), el calzado japonés por excelencia han sido las getas, perfectas para proteger los kimonos del barro. Hombres y mujeres usaban estas sandalias compuestas por una tabla de madera con dos dientes y una tira de tela que se enganchaba entre dos dedos. Su aspecto variaba según los propietarios: campesinos, monjes budistas, luchadores de sumo, samuráis, oiran –miembros de la más alta jerarquía de cortesanas, que usaban las oiran getas o geishas, que en sus espectáculos, calzaban getas de hasta 25 cm.

Último siglo

Las plataformas que conocemos hoy en día, bien sujetas al pie, las inventó Salvatore Ferragamo en los años 30. Celebridades como Carmen Miranda las acercaron a las masas, que finalmente las abrazaron durante los años 70. Las usaban mujeres y hombres en materiales brillantes, ultradecoradas y con una altura considerable, lo que provocó innumerables caídas y lesiones.

El miminalismo de los 90 rebajó el exceso estético pero no los centímetros. A finales de esta década, prácticamente todos los tipos de calzado habían sido rediseñados para admitir plataformas: incluso deportivas y chanclas.

Este verano su éxito se ciñe a las sandalias: sencillísimas en Versace; japonesistas en Jil Sander; fantasiosas en Margiela, estampadas en Michael Kors... Y sí, siempre más cómodas que los stilettos.

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