MODA | Hace 2 semanas

Pablo Ramírez: "El color negro no es sinónimo de elegancia"

El rey del color negro habla de su pasión por ese tono, de los desfiles y de la evolución de su marca más allá de lo clásico.

-Tus diseños son clásicos, ¿cómo vas variando de temporada a temporada?

-Sí, más que nada mis variaciones tienen que ver con las tipologías y con los recursos. Mi punto de partida es la moldería, trabajo sobre el cuerpo y mis talles son muy reales. Mis ideales se relacionan con el envejecer, con estilizar, con la elegancia... Mis colecciones no siguen tendencias, tienen que ver más conmigo, con qué es lo que me está pasando y por dónde voy.

-¿Podés hacer ya un balance de tu mudanza de San Telmo a Recoleta?

-El balance es positivo. Estuve 15 años en San Telmo y tuve allá mi cuartel general, el atelier debajo y la tienda arriba, pero quizá me faltaba visibilidad. Recoleta fue muy bueno para eso. Y paralelamente lanzamos la tienda online.

-¿El crecimiento de la tienda online ya compite con la física?

-No, en realidad, por ahora no. Pero yo siento que recién está empezando.

-Es una manera de abrirte a un nuevo público…

-Sí, porque desde mis comienzos a mí no es que me interesó centrarme en la alta costura ni en lo exclusivo. Mi camino se fue forjando más que nada por la escala con la que trabajaba, que era una manera artesanal y muy chica de producción. Entonces, bueno, de alguna manera trabajar de esa forma me terminó poniendo en un nicho exclusivo.

 

-¿Creés que tiene sentido seguir haciendo desfiles?

-Sí, yo en realidad, hace bastante tiempo que no hago con tanta regularidad. 

-Y son menos convencionales, más performáticos…

-Claro. Me parece que nosotros siempre estuvimos a una escala muy diferente del resto de las capitales de moda. No tenemos la capacidad de presentar tantas colecciones. (Piensa) De todos modos, el desfile es también como el postre de la moda. Entonces, quedarnos sin vivir esa experiencia, para nosotros diseñadores y para el público, sería raro. A lo que yo hace tiempo renuncié es a ser esclavo de hacer desfiles todas las temporadas. Yo me retiré. En ese punto me sentí identificado con Alaïa, que salió del circuito y presentaba sus colecciones cuando él quería.

-¿Cómo definís la marca hoy?

-Cuando empecé, como soy ahora, fui muy idealista y me imaginé como un diseñador de ropa negra, que lo que diseñara estuviera pensado como piezas clave del guardarropas de todo el mundo, que la gente, cuando tuviera necesidad de recurrir a una buena prenda negra, pensara en mí. Mi idea fue esa y siento que, la verdad, me puedo sentir satisfecho, lo he logrado.

 

-¿A qué se debe tu magnetismo con el negro? ¿no te enamoraste de otro color en estos 20 años?

-(Ríe) En realidad, el punto de partida de mi carrera tiene que ver con el dibujo porque yo me defino antes como dibujante que como diseñador. Y, bueno, en el dibujo está el tema de la silueta, la silueta negra. Después encuentro algo que tiene que ver con lo atemporal. Es un tono que no tiene fecha de vencimiento y es amplio, tiene la capacidad de comunicar un montón de cosas. Con el negro se puede ser monja, puta, la dueña de casa o la mucama.Es el color del uniforme del duelo, del lujo, del sexo, de la religión. Y el negro no hay distracción, lo que ves es silueta pura.

-Y también representa la elegancia...

-Sí, pero estar vestido de negro no es sinónimo de ser elegante o de estar elegante. De hecho, muchas veces me pasa a mí que viene gente a verme para algo especial y me dice: “No quiero porque van a estar todas vestidas de negro”. Y yo le respondo: "Mirá, un vestido mío negro te garantiza que, aunque estén todas vestidas de negro, se va a notar la diferencia".

 

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