El sonido de una copa al chocar suavemente, el perfume de los tragos de Mona Gallosi, una luz cálida que se filtraba por los ventanales antiguos. En el corazón de Buenos Aires, la Casa Estudio de María Fux volvió a vibrar. Por unas horas, el espacio que supo alojar danza, creación y movimiento se convirtió en escenario de Sobremesa, la nueva presentación de Hæder, la firma de Luján Haeder que lleva el diseño regenerativo a un plano íntimo y profundamente humano.

Sobremesa fue mucho más que una pasarela: fue una experiencia de reencuentro. Una conversación silenciosa entre los materiales y las emociones que los habitan. Las piezas —vestidos, trajes y accesorios— nacieron del gesto de reconfigurar textiles domésticos heredados, como manteles, mantillas, cortinas y tejidos en crochet, que formaron parte de la vida cotidiana de generaciones anteriores.


“Cada prenda guarda una historia y, al intervenirla, la hacemos dialogar con el presente”, dice Lujan. Esa idea atraviesa todo su trabajo: regenerar no es solo reparar, sino volver a vincularnos con lo que nos rodea, reconocer su carga afectiva y permitir que la materia hable.
En esta edición, Hæder presentó además una colaboración que materializa su visión de comunidad creativa: junto a Espina Corona, firma de mobiliario de diseño, y Acento de Autor, marca de calzado artesanal, dieron forma a una edición especial de zapatos confeccionados con remanentes de cuero provenientes de las sillas de Espina Corona.

Cada par incorpora un chip NFC que guarda toda la información de trazabilidad, uniendo artesanía, sostenibilidad y tecnología. Una alianza que demuestra cómo el diseño puede convertirse en un puente entre la creatividad, la conciencia ambiental y la innovación.

La locación no fue casual: la Casa Estudio de María Fux, hoy vacía tras la partida de la bailarina, conserva su energía y su historia intactas. Los pisos de madera aún parecen recordar el ritmo de los cuerpos que la habitaron. En ese escenario actualmente en venta, bajo la gestión de Cecilia Baccello , el proyecto de Hæder encontró su espejo: un lugar donde el tiempo no destruye, sino que acumula.


La performance se desplegó como una danza de gestos mínimos: modelos que se movían entre los muebles, telas que respiraban en cámara lenta, sonidos que evocaban sobremesas familiares y memorias compartidas. Todo parecía decir que el futuro del diseño no está en lo nuevo, sino en la capacidad de volver a mirar lo que ya existe.

Sobremesa fue, en definitiva, un acto de resistencia poética frente a la velocidad. Un recordatorio de que el lujo puede ser emocional, que la sostenibilidad también tiene textura, y que el verdadero archivo de una marca no se guarda en una computadora, sino en la memoria afectiva de las cosas.
Fotos: Andrés Riffo
at Federico Velenski
Accedé a los beneficios para suscriptores
- Contenidos exclusivos
- Sorteos
- Descuentos en publicaciones
- Participación en los eventos organizados por Editorial Perfil.

Comentarios