martes 21 de septiembre de 2021

MODA | 17-07-2020 08:21

Moda y música: David Bowie y su gran aporte al fashion

Cómo este ícono mundial revolucionó generaciones. Un recorrido por lo que dejó en el mundo de la moda la estrella eterna de la música.

El calor se pegaba al cuerpo como un traje espacial y los chicos de barrio subíamos a la terraza, pero mi pasatiempo preferido no era jugar al aire libre: en el descanso de la escalera que conducía a la azotea, mis padres habían armado una especie de baulera en la que convivían recuerdos familiares, vinilos abandonados con one hit wonders que nunca vuelven a escucharse y revistas viejas. Leerlas sentada sobre un escalón era mi pasaporte a la dimensión desconocida. Esa tarde de diciembre encontré una revista Pelo, no recuerdo quien firmaba la nota pero sí su título, era, “David Bowie: la Farrah Fawcett del Rock”, una falta de respeto, mezcla de machismo berreta y oportunismo televisivo. Pero fue un anzuelo.

David Bowie


Algo me atrapó en ese artículo que reseñaba el estreno de la película El hombre que cayó a la tierra. Quizás fue la historia sobre el alien que viene a buscar el agua que falta en su planeta y se encuentra con un mundo dado vuelta. O tal vez esa mirada con una pupila dilatada debajo del sombrero que prometía el afiche, pero no podía soltar la revista. Ese verano no aprendí a andar en bicicleta pero conocí a Bowie y le pedí a mi mamá que me cosiera un vestidito plateado en la Singer. Fue en el 77 y los otros –los raros, los sospechosos, los locos- éramos nosotros. Esa tarde la niña que fui tuvo a su Starman y la logia de los andróginxs, distintxs, provocadorxs, me dio un abrazo tan ajustado como el traje celeste que usó Bowie en el video de Life On Mars.
No me gusta que lo llenen de esdrújulas: camaleónico, lúdico, icónico, excéntrico, equívoco. Bowie escapa a cualquier acentuación porque su legado cultural no admite tildes, ni subrayados, la influencia que ejerció en la moda podría ser un texto sin pausas, como una gran novela de Alan Pauls. La etapa más alocada, esa que trajo el ascenso y caída de Ziggy Stardust o el nacimiento de Alladin Sane duró solo cinco años pero marcó un rumbo, el que conduce a los márgenes donde la contracultura se encuentra con el rostro más desafiante de la ambigüedad.


Varios diseñadores acompañaron esa transformación, hablemos de su amigo Freddie Burretti, autor de las célebres monoprendas acolchadas, el traje con hombreras que refulge en la tapa del disco Diamond Dogs o el que luce en el mismísimo video de Life On Mars combinado con camisa a rayas y corbata estampada, la sombra color de confite Sugus sobre los párpados. También está ese saco blanco y negro a rayas con las enormes solapas donde los vértices confluyen y se disparan como rayos.

David Bowie


O podemos detenernos en las líneas ondulantes del enterito desmesurado, samurái cibernético creado por Kansai Yamamoto, que no es célebre Yohji sino casi todo lo contrario. Las prendas de Kansai son exorbitantes y ampulosas, mezcla exacta de polyester con seda y de osadía con estampas geométricas. Se basan en el concepto japonés de basara: una explosión de color y excesos, lo cual contrasta con el wasi-sabi, ideal budista de la belleza que anida en la imperfección, la modestia y la simpleza de los materiales tan explorada por el otro Yamamoto.
 Kansai nunca supo de bajos perfiles, su estilo desmenuzó  la cultura japonesa más impensada, desde el tatuaje irezumi hasta los ricos tapizados ornamentados o el technicolor de jarrones esmaltados. Una psicodelia a la oriental donde el cuerpo opera como lienzo y encuentra su mejor estallido en ese Bowie de pelo anaranjado, botas con plataforma y simpatía con las arañas de Marte.
Para más detalles están Google, Wikipedia y 300 notas fotocopiadas. Pero quizás lo más interesante sea leer qué huellas de esa desmesura se imprimen hoy. Pienso en los maridajes enmarañados de Alessandro Michele para Gucci, esos atuendos que a diferencia de los portados por Bowie son el triunfo del estilismo sobre el contenido. Los esbozos de Nicolas Ghesquiere en su colección homenaje a Kyoto para Louis Vuitton o incluso en los tigres que emergerían de estampados florales en los locales del Once pre pandemia. Ziggy Stardust llegó hasta la calle Paso, un viaje de ida envuelto en purpurina.
Bowie no puede dejar de reproducirse, desde las pasarelas de Berluti hasta el desfile autohomenaje de Hedi Slimane, un diseñador que se crió bajo su influencia, lo vistió para su gira Heathen y recibió de sus manos el premio al Diseñador del Año CFDA 2002.

David Bowie


Bowie maniquí transformer, Duque Blanco berlinés escapado del expresionismo alemán y las líneas más puras de la Bauhaus, chico bronceado y oxigenado moviéndose al compás de su traje amplio firmado por Armani o exhibiendo un pantalón de tiro alto. La cintura mínima y el gesto imperceptible que acompaña a la lana blanda y colorida de un Versace que aún no sospecha su muerte inminente.
Todxs tenemos nuestro Bowie en la cabeza y si pienso en el modelo argento para armar siempre pasa Kostüme por mi mente. Llamo a Emiliano Blanco, fundador de la etiqueta junto a Camila Milessi, nadie entiende más a Bowie por estas pampas que ellos. Le pregunto cómo conoció a nuestro hombre de las estrellas y dispara “La primera imagen que tengo de Bowie, es el de los 80´s, aclaro, no es la etapa que más me encanta, sinceramente”.

 

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David Bowie

 

 A veces los amores arrancan torcidos, pienso, y lo dejo que siga: “ Allá por el 88 descubrí a Iggy Pop, me voló la cabeza, y en consecuencia me llevó a conocer al Bowie de los 70, con discos como The Rise And Fall Of Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el mismo Hunky Dory que, ¿sabés? Lo estoy escuchando ahora mientras charlamos esto…  se me abrió un mundo, el de un tremendo artista musical y visual como nunca antes habia visto”. La voz de Emiliano se va encendiendo como la de Major Tom llamando al control.

Imposible no preguntarle cuanto de ese descubrimiento hay en Kostüme “El salto del Glam al Duque Blanco… el Bowie de Berlín junto a Iggy Pop y Lou Reed realmente influenció mi forma de pensar y está volcado en la marca. Cierta manera de tomar riesgos y evolucionar dejando atrás fórmulas seguras para buscar nuevas maneras de expresarse, le debemos eso como mínimo. ¡Qué clara la tenía!”
Dice mientras se ríe y recordamos su colección #25 que prendió fuego BAFWEEK allá por 2013- “Usamos Hallo Spaceboy como música para ese desfile, trabajamos bastante con esa dualidad sobre el género tan suya. Más allá de esa colección su influencia esta impregnada en nuestro concepto de marca: su ruptura, la vanguardia, el cambio constante, el riesgo y el profesionalismo. Supongo que todo lo aprendimos de Bowie, ¿no?”


Con Bowie se come, se cura y se educa. La democracia de su trasmutación es tan infinita e impredecible como esa chaqueta que le encargó a Alexander McQueen: el pedido contenía por escrito medidas y materiales. Obviamente McQueen entregó todo lo contrario a lo requerido. Fue el principio de una alianza que culminó con un abrigo sorprendente, burlón y amorfo, especie de gran broma punk que reprodujo la bandera británica en la tapa del disco Earthling.

 

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 Ahora que ya no están ninguno de los dos, me gusta imaginar sus voces en la entrevista telefónica que Bowie le hizo a McQueen para la revista Dazed & Confused en el 96. A pesar de trabajar juntos por más de un año no se conocían personalmente y Bowie rompió el fuego preguntando:
-“¿Sos puto? ¿Tomás drogas?” (risas).
-Sí, ¡a ambas cosas! (más risas).
Puedo oírlos mientras repasan sus gustos musicales, cuerean diseñadores, recuerdan sus infancias y exhiben una ironía orgullosa, con el filo apuntando al ego. Por un momento el goce de leerlos me aparta del encierro, vuelvo a ser la nena que no sale a la terraza. Y escucho desde el tocadiscos: ¿No querés ser libre? ¿Te gustan las chicas o los chicos? Son días de confusión, pero el polvo de Luna te cubrirá. Hola para siempre, Spaceboy. ■

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