lunes 8 de marzo de 2021

LIFESTYLE | 24-08-2020 12:00

Pornografía feminista: hacer visible el placer de la mujer

Se busca priorizar el respeto de las personas involucradas, y al presentar de manera igualitaria a hombres y mujeres, también la percepción de género y los papeles sexuales estereotipados.

Las primeras películas de la pornografía conocida como feminista se remontan a los comienzos de la década del 80, aunque sin embargo, comienzan a llegar a un público más amplio y lograr mayor visibilización y cobertura en los medios de comunicación, años más tarde. Aparecen nuevos exponentes y se vuelve más sólida la idea de procurar por este medio, igualdad de género.

En una industria liderada históricamente por hombres, en la cual lo que pondera es el deseo masculino,  algunas mujeres deciden alzar su voz para expresar otro punto de vista.

sexo

De esta forma, nace un producto audiovisual que ofrece un tipo de pornografía nuevo y diferente, dando lugar al deseo femenino, volviéndolo visible. Se busca ir más allá de los viejos clichés de la industria estándar, priorizando el respeto de quienes están involucrados, y presentando de manera igualitaria a hombres y mujeres, cambiando la percepción de género y los papeles sexuales estereotipados.

Al evitar aquellos clichés, también se deja ver la diversidad y fluidez que caracterizan a la sexualidad, desde un lugar diferente, mostrando relaciones en las que no se prioriza únicamente la opinión o deseo masculino, y generando así un panorama de mayor igualdad, sin dinámicas de poder o abuso. Hay quienes lo consideran un género exclusivo para mujeres pero esto no es así, no es exclusivo de las mujeres el gusto por el buen trato hacia las personas o las producciones cuidadas y respetuosas.

Sexo

Quienes escriben, producen y dirigen este género, también buscan empoderar a los intérpretes, con la intención política del cuidado por las condiciones laborales de los mismos, priorizando su bienestar, así como la inclusión y diversidad de todo el personal.

Pugnan por erradicar síntomas de desigualdad que aún se encuentran presentes en la cultura, en las relaciones sociales y de pareja. Critican esta diferenciación entre sexualidad masculina-agresiva y sexualidad femenina-tierna, alegando que su origen está en los dictados del patriarcado, uno de cuyos pilares es el binarismo de género y la diferenciación y oposición de lo socialmente considerado masculino o femenino.

Es complejo comprender estos cambios sin pensar en el contexto socio-cultural en el que están inmersos. Es importante entonces, entender que la mirada o el posicionamiento diferente de la mujer, el lugar de la misma en distintos ámbitos, se encuentran relacionados con las modificaciones sociales y culturales, de los cuales ésta es parte hace décadas, y por los cuales se sigue luchando.

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Resulta un desafío entonces, que la mujer pueda salir del lugar pasivo de objeto de deseo, para ubicarse en el de sujeto deseante y activo. Para ello, es fundamental inspirar y alentar a las mujeres a reconsiderar sus ideas sobre libertad, equidad, sexualidad y placer. Expandir estas nociones, así como las de deseo, belleza y satisfacción, y resignificar el poder sobre sus cuerpos. 

Sin embargo, hay quienes sostienen que no es posible la coexistencia de los conceptos de feminismo y pornografía. Aparece el cuestionamiento sobre el hecho de usar el cuerpo de la mujer como materia prima para obtener ganancias, entendiendo que de esta forma, se degrada a la misma, ubicándola nuevamente en determinado lugar desde la lógica mercantil y patriarcal.

Se considera que no es posible eludir la opresión y cosificación sexual, ya que éstas son inherentes a toda pornografía, por lo cual incluso se plantea como solución, abolir la misma.

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Sin embargo, la producción de representaciones diferentes de la sexualidad, hechas desde miradas divergentes de la mirada normativa, de las estéticas y cuerpos que son más habituales en la industria pornográfica dominante, pueden resultar una buena alternativa. Pensar en censurar o prohibir, puede llevar al punto de “demonizar” el sexo, volviéndolo un tabú muy fuerte y colocándolo en la categoría de lo que hay que esconder.

Muchas veces se alega que los jóvenes aprenden sobre relaciones sexuales consumiendo pornografía, y esto puede no ser considerado un buen ejemplo a seguir, ya que en la mayoría de películas o videos a los que se tiene acceso, se denigra a la mujer, obviando el placer y deseo de esta última, y centrándose en lo que esta sociedad determina que ha de gustarles a los hombres.

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Para que esto se modifique, también se vuelve fundamental brindar educación sexual de calidad, y así conseguir igualdad real, aceptando la diversidad existente entre personas, y no entre géneros.

Si la misma refleja la diversidad de opiniones y gustos, los adolescentes aprenderán a tomar en cuenta las mismas y saber que el deseo y las preferencias de cada persona son individuales y diferentes unas de otras, y no verán una película pornográfica creyendo que eso es el sexo.

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En correlación a lo anterior, también hay que tener en cuenta el estigma social en relación a la sexualidad, y la percepción que se tiene de la misma en parte de esta sociedad, donde es vista como algo a esconder, oscuro, por lo que nos tenemos que sentir mal o culpables, tanto hombres como mujeres.

Y es justamente el hecho de que la sexualidad constituya un tabú, un tema del  cual no se habla, lo que puede llevar a querer copiar lo que se ve en la pantalla. Si en cambio se logra trabajar y transmitir una verdadera educación sexual, se entenderá que el respeto y la voluntad del otro son básicos, y que no se puede hacer lo que se ve en una película sin el consentimiento real de la otra persona.
 

Por Eliana Tornatore, psicoanalista.

at Eliana Tornatore

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