martes 18 de junio de 2019

LIFESTYLE | Hace 3 semanas

Un paseo por la tierra del Malbec junto al mejor enólogo del mundo

Mendoza es el lugar que eligió Michel Rolland para instalarse y desarrollar esta cepa en argentina. Junto a él recorremos este enclave que lo enamoró para siempre.

1982 fue el año en el que pisó por primera vez argentina. Fue con su mujer -también enóloga- al carnaval de rio de Janeiro y se tentó con llegar a Iguazú para conocer las cataratas. Desde ese entonces este país fue una idea fija para Michel Rolland, el enólogo francés más importante del mundo. Seis años después regresó, pero esta vez decidió ir a Cafayate (Salta) y empezar a recorrer hacia el sur la zona cordillerana en busca del lugar propicio para desarrollar un malbec. Así llegó al Valle de Uco, se enamoró del espacio y se afincó inmediatamente.

“Dónde hoy estamos no había nada, solo estepa y aridez. Algo me conmovió de este lugar, seguramente el paisaje que creo es inigualable. Pensé plantar vides en 100 hectáreas. Hoy son 865. Se agrandó un poco el proyecto”, cuenta Rolland con su risa contagiosa y bastante característica. Así se originó el proyecto Clos de los siete, un emprendimiento único en el mundo en el cual cuatro bodegas (al principio fueron siete) realizan un blend de blends de malbec que lleva ese nombre.

Monteviejo, Diamandes, Cuvelier de Andes y Bodega Rolland son los hacedores de esta bebida de gran éxito y aceptación en el mundo. “Hoy en día sería imposible montar algo semejante, por empezar porque no hay un territorio propicio tan grande y segundo porque no tengo el empuje y las ganas de hacerlo”, explica y agrega: “Y tampoco estoy tan loco como 30 años atrás”. Rolland asesora con su equipo de 8 enólogos (que forman parte de su empresa, así como su mujer y sus dos hijas) a 250 proyectos en los cinco continentes.

“Mi trabajo nunca me aburre, sólo me fastidio y enojo con la administración argentina y la cantidad de problemas que hay aquí. Pero claramente no llego a ofuscarme tanto porque sigo en Mendoza con mi proyecto”, cuenta, quien a los 71 años trabaja codo a codo con tres generaciones menores que él. 

 

BRINDAR POR LA VENDIMIA
El predio de Clos de los siete se encuentra a cinco kilómetros del centro de Valle de Uco. Dicen que entrar es tan difícil como ingresar a la NASA y que sin cita previa (siempre vía e-mail) nadie pasa el umbral. Las miles de hectáreas de vides, el aroma a uva en época de vendimia y la cordillera de fondo son las protagonistas, así como las cuatro edificaciones -algunas bastante faraónicas- de las cuatro bodegas.

Además de la típica visita para conocer el proceso de elaboración del vino, algunas tienen una opción diferencial. Monteviejo, además de una galería de arte itinerante en sus pasillos, tiene un restaurante con grandes ventanales y un deck con vista a la cordillera.

El menú -solamente de día- está preparado por la chef Nadia Harón. Diamandes, por su parte, ostenta un wine bar y su restó Diam´s comandado por el cocinero Jorge Orozco. La bodega comenzó a ofrecer en este último tiempo veladas por la tarde para disfrutar de un buen vino, finger food y buena música.

 

Imperdible -pero sólo se realiza con grupos especiales y reducidos- es entrar a la cripta y vivir la cata a ciegas, que es una experiencia sensorial que mezcla música, aromas y mucho sabor. Cuvelier de Andes y Bodega Rolland se caracterizan por tener espacios de cava extensos y muy impactantes. En la segunda, es muy posible verlo a Michel en acción si se tiene la suerte de llegar en una de las cuatro semanas que el francés está de visita en Valle de Uco. 

MUCHO MÁS QUE SU PROPIO HOGAR
Rolland asegura que apenas cruza la entrada de Clos de los siete se siente en casa, pero mucho más tranquilo que en su finca de Burdeos, ya que aquí se “interna” en el valle y no tiene que salir a ningún lado por un largo tiempo. Sus mañanas transcurren generalmente entre catas. “Suelo hacerlas mirando a la montaña. Las laderas tienen siempre un color diferente y yo ya identifico qué montaña es cual. Mientras tomo un vino les cuento a mis empleados el nombre de cada una”, detalla.

Por la tarde, tiene encuentros o reuniones y cuando cae el sol ya se queda en su casa disfrutando de su familia. “Escucho música, desde Mozart a Rapsodia Bohemia, leo y tomo un vino”, enumera Michel, quien asegura que intenta que ningún día le falte su copita de tinto o blanco.

“Es el placer más grande de mi vida, ¿por qué me voy a privar de eso” Yo siempre digo que no importa qué vino sea, uno tiene que beber el que le gusta y listo”, lanza. El enólogo cuenta que otra de sus pasiones es el golf y, a pesar de tener 18 de hándicap, últimamente su espalda le está jugando una mala pasada y tuvo que suspender sus entrenamientos.

La comida también está dentro de su lista de preferidos. “Acá como muchísima carne, pero mis platos favoritos son: el pato Pekín, el salmón salvaje cocinado con sal y la lubina”. Dice que admira a muchísima gente, menos a los políticos y que recomienda siempre a sus amigos que vengan a visitar argentina.

“Es un gran destino para vivirlo como turista, no así como inversor”, agrega entre risas y acota: “tengo pasaporte francés, pero para trabajar elijo Estados Unidos; en cambio para soñar y disfrutar vengo aquí. Es el mejor lugar del mundo para eso”. Y brinda con un Clos de los siete cosecha 2009. “Sin dudas es el vino que elegiría antes de morir”.
 

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