Cada vez que Mercurio retrógrado aparece en el calendario astrológico, internet se llena de memes, advertencias y explicaciones sobre ex parejas que reaparecen, vuelos demorados, celulares que fallan o conversaciones que terminan mal. Y aunque muchas veces se lo exagera, lo cierto es que este fenómeno ocupa un lugar importante dentro de la astrología contemporánea.
Mercurio es el planeta asociado a la comunicación, la mente, los intercambios, la tecnología, los viajes y los acuerdos. Cuando entra en movimiento retrógrado —es decir, cuando desde la Tierra parece desplazarse hacia atrás—, esas áreas suelen sentirse más lentas, confusas o inestables.

A nivel simbólico, Mercurio retrógrado no significa que todo vaya a salir mal. Más bien funciona como una invitación a revisar aquello que normalmente hacemos en automático. Por eso, durante este período suelen aparecer demoras, cambios de opinión, mensajes cruzados o situaciones del pasado que regresan para resolverse de otra manera.
Lo que Mercurio retrógrado viene a cuestionar es la velocidad con la que vivimos. La necesidad de responder rápido, decidir rápido y seguir avanzando sin detenernos demasiado a pensar. Bajo esta energía, el universo parece obligarnos a bajar el ritmo.
También es frecuente que reaparezcan personas, proyectos o emociones que creíamos cerradas. No necesariamente para volver atrás, sino para mirar esos temas desde otro lugar. Muchas veces, aquello que incomoda durante Mercurio retrógrado tiene más que ver con conversaciones pendientes que con una “mala energía”.

En astrología, este tránsito suele recomendar:
- revisar contratos antes de firmar,
- chequear información importante,
- hacer copias de seguridad,
- evitar decisiones impulsivas,
- y tener más paciencia en los vínculos cotidianos.
Sin embargo, Mercurio retrógrado no es un período negativo: puede ser profundamente útil para ordenar, reflexionar y corregir. Es un excelente momento para retomar proyectos abandonados, volver a ideas antiguas, reorganizar rutinas o replantear dinámicas personales.
Cuando ocurre en signos de fuego, como Leo o Aries, la energía se vuelve más dramática y emocional. Los egos chocan más fácilmente y las reacciones impulsivas aumentan. En signos de agua, en cambio, el tránsito suele sentirse más introspectivo y ligado a emociones no resueltas.

Más allá de la astrología, la fascinación que genera Mercurio retrógrado también habla de otra cosa: de nuestra necesidad de encontrar sentido en el caos cotidiano. Quizás por eso cada retrogradación funciona casi como un espejo colectivo sobre cómo nos comunicamos, cómo reaccionamos y cuánto escuchamos realmente al otro.
Porque, al final, Mercurio retrógrado no viene solamente a desordenar. A veces viene justamente a mostrar aquello que ya estaba desordenado desde antes.
at redacción Marie Claire
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