lunes 30 de marzo de 2020

LIFESTYLE | Hace 3 meses

El árbol de Navidad: historia de una tradición de la realeza

Hace menos de 200 años que esta tradición acompaña a las personas de todo el mundo y una reina tuvo mucho que ver en esto. En esta nota te contamos todos los detalles. 

Dicen que a la Navidad, tal y como la conocemos, la inventaron la reina Victoria de Inglaterra y Charles Dickens. Aunque llevaba ya muchos siglos celebrándose, las tradiciones extendidas son en parte gracias a ellos.

Uno de los mayores símbolos de estas fiestas, el arbolito tiene una larga historia que merece ser contada y que no todo el mundo conoce.

A Martín Lutero, el pastor alemán que provocó un auténtico cisma en el cristianismo, se le adjudica el honor de ser el inventor de esta tradición.

Una noche de invierno en 1536, reza la leyenda, Lutero caminaba por un bosque de pinos cerca de su casa en Wittenberg cuando al levantar la vista, vio miles de estrellas brillando entre las ramas de los árboles.

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Esto inspiró a colocar un abeto iluminado con velas en su casa esa Navidad. Poco a poco, la tradición se fue extendiendo por los hogares del sur de Alemania.

En el año de 1800, la reina Carlota de Inglaterra, esposa del rey Jorge III, colocó el primer árbol de Navidad “made in England” en el Queen´s Lodge, muy cerca del Castillo de Windsor.

La consorte real lo hizo a lo grande, con un gran acto donde se cantaron villancicos y con la participación de la corte y también de la población local.

Como muestra de que la fiesta era un tiempo para compartir con la familia y de ayuda a los demás, empezó también a distribuir regalos, adjudicándosele también esa tradición.

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Los nobles ingleses, quienes siempre se miraron en el espejo de la realeza, empezaron a imitar la costumbre. A principios del siglo XIX, no había casa de royal en el Reino Unido que no hubiera abrazado esa nueva tradición.

Pero, ¿por qué se le adjudica entonces a la reina Victoria esta tradición? Es cierto que la soberana británica tuvo mucho que ver en la implantación masiva de ella.

También ella se casó con un alemán, el príncipe Alberto de Hannover, quien trajo de su país centenares de abetos que trasplantó en la isla. En cada Navidad, adornaba varios de estos pinos en los salones del Castillo de Windsor.

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Si ya hacía años que la nobleza se imitaba, solo faltaba que el resto de la población lo hiciera. Gracias a los periódicos, en pleno auge en la época, que empezaron a describir minuciosamente los árboles adornados por la reina Victoria y su esposo, la gente común de norte a sur de Gran Bretaña tuvo conocimiento de esta tradición alemana que prontamente empezó a imitar.

Si se tiene en cuenta que la reina Victoria era la mayor “influencer” de la época, ya que en pocos años la costumbre se hizo “viral” y se extendió por todo el mundo.
 

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