domingo 26 de enero de 2020

CULTURA | Hace 3 semanas

Fernando Meirelles: “La Iglesia no cambiará nunca su posición contra el aborto”

Hablamos con el director de Los dos papas sobre todo lo que rodea su comentada nueva película: religión, el Papa Francisco, Anthony Hopkins, Jonathan Pryce y el Vaticano.

Con su característico buen humor, en un tono relajado pero con la convicción de un profesor universitario, el director brasileño Fernando Meirelles explica y defiende sus elecciones temáticas y estilísticas a la hora de encarar el rodaje de Los dos Papas, la película protagonizada por Jonathan Pryce y Anthony Hopkins que actualmente puede verse en Netflix.

Con una destacada actuación de Juan Minujín, es un relato sobre la posibilidad de saber escuchar y poder perdonar.

-La gente recuerda mucha Ciudad de Dios, su película de 2002. Ahí los personajes eran marginados del sistema, ahora en Los dos Papas usted se ocupa de dos líderes del poder religioso económico (Benedicto y Francisco). ¿Cómo fue transitar ese camino?

-Mi interés era hacer una película sobre el Papa Francisco, porque creo que es una de las voces más importantes del mundo en este momento, una persona que trata de construir puentes y no muros, pero cuando me invitaron a hacer ese filme no pude porque estaba trabajando en la apertura de los Juegos Olímpicos de Río, retomé el contacto ya con el guión de Anthony Nccarten, lo leí y era espectacular.

Quería hacer algo que no tenga nada que ver con el Vaticano. Soy católico pero, ¡un mal católico! (ríe). Soy agnóstico, no creo que Dios esté fuera de nosotros. Pero estoy convencido de que hay algo espiritual que nos vincula a todos.

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-En Marie Claire indagamos permanentemente acerca del género. ¿Cómo ve el rol de la mujer en la Iglesia católica?

-Realmente no ocupa ningún lugar. Las mujeres están para servir café, hacer pizza y preparar los cuartos como muestra la película. Lo peor es que dudo que cambie ese rol con el Papa Francisco. Él lo intentó pero en ese mundo conservador no hay lugar para el cambio. La iglesia está tremendamente atrasada.

-El año pasado en Argentina vivimos un movimiento importantísimo de las mujeres que luchan por la Legalización del Aborto. Y la Iglesia se opone…

-Eso, lamentablemente, tampoco cambiará nunca.

-¿Ni aunque lleguen curas o Papas más jóvenes?

-Es un tema de ideas, dudo que pueda zanjarlo un recambio generacional. Podría llegar a ser no punible, pero aceptarlo jamás.

Fernando Meirelles

-Hacer un filme más simpático sobre los dos Papas, ¿puede resultar en que el público no tenga tan presente el tema de la pedofilia en la Iglesia, mostrado por ejemplo en películas como Spotlight (En primera plana)?

-Justamente la pedofilia es el gran tema del Papa Benedicto, en la película está mencionado, como también el asunto de la corrupción. Filmamos más diálogos sobre eso y después percibí que el tema en el filme podía virar hacia los abusos en la iglesia y esa no era la idea.

Para mí era una película sobre Francisco, su trayectoria en argentina e  intenté conseguir un equilibrio porque sino se hubiera convertido en otra película. Quería hacer un largometraje sobre la tolerancia, sobre dos personas con pensamientos opuestos que pueden llegar a puntos de acuerdo o por lo menos a una relación civilizada.

El diálogo es fundamental, mirá lo que está pasando en Brasil, con el desgobierno de Bolsonaro, un tipo que no ha leído un libro en su vida y dice tantas estupideces, lo terrible que es eso.

-Los argentinos tenemos un plus porque para interpretar al joven Francisco eligió a Juan Minujín, ¿cómo fue esa experiencia?

-¡Genial! Ha hecho un Bergoglio muy pero muy interesante y hubo algo que me sorprendió mucho: cuando estuve en Buenos aires para buscar las locaciones ¡a nadie le gustaba Bergoglio! Se quejaban de que era muy autoritario, de que nunca sonreía y realmente me sorprendí, no era el Papa que yo conocía.

La pregunta era cuándo y por qué el Papa cambió tanto y tuve varias respuestas valiosas. Juan también conversó con mucha gente que lo conoció en Buenos aires y ese joven que compone es duro, muy cerrado, como nos dijeron que era.

-Uno de los desafíos desde lo visual es que la película es una larga conversación entre dos personas. ¿Cómo lo resolvió?

-Es verdad, si leías el guión podría haber llegado a ser una película muy aburrida! (ríe). Creo que ese fue mi mayor desafío, lograr que el público pudiera conectar. Le pedí a los actores que no fuera una conversación entre un Papa y un cardenal sino entre dos seres humanos. Algo muy íntimo y personal, más simple y popular. Yo dejo que los actores trabajen, yo ayudo, no dirijo, pregunto más de lo que mando.

-¿Cómo fue trabajar con Anthony Hopkins?

-Un poco más difícil porque es una estrella, en Roma donde filmamos no podía salir y tomar un café, es como un prisionero de la profesión. No puedo decir que es una persona normal porque no lo es. Anthony personalmente es muy cálido aunque extremadamente técnico como actor.

Muchos meses antes de empezar a rodar, me pidió no cambiar más el guión. Para mí era un delirio, ¡imaginate! (ríe), por lo general voy modificando las palabras, era un pedido difícil. Me mandaba mails diciendo al detalle como quería hacer cada escena, es como un músico clásico que aprende la partitura de Chopin y después la interpreta en escena, con las notas totalmente dominadas.

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-Pero entonces el hombre es muy trabajador…

-Sí, al detalle y se apoya en las palabras. Todo lo que parece muy natural y espontáneo fue planeado durante meses. Jonathan Pryce es lo opuesto.

-¿Es un hombre más intuitivo?

-Sí, él intentó pegarle de entrada al lenguaje corporal del Papa, a su estado mental y espiritual. no importa lo que le pidiera, él lo hacía como el Papa porque lo tenía internalizado, es mucho más suelto. ¡Y además es tan parecido! Hace dos años Jonathan estaba haciendo Game of Thrones y si lo googleabas aparecían sus fotos junto con las de Francisco (ríe). 

-Pero está bueno que tuvieran estilos distintos como sus personajes que son bien diferentes…

-Sí y le tenía un poco de miedo a eso. Porque a Jonathan le gusta que lo sorprendan con líneas desconocidas, él presta mucha atención al otro, en cambio Hopkins se concentra en sí mismo, sabe siempre lo que va a venir. Uno goza del diálogo y el otro está milimétricamente preparado. Pero se llevaron muy bien y se hicieron amigos.-

at Leonardo Martinelli

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