lunes 30 de marzo de 2020

CULTURA | Hace 1 mes

Descubrí a la mujer que difunde la literatura africana en nuestro país

Marcela Carbajo trabaja en una empresa de tecnología y paralelamente dirige Empatía, una editorial que publica solo libros de autores africanos. Los nombres imprescindibles y las similitudes entre la literatura de ese continente y la latinoamericana.

Sin tener ningún vínculo directo con el continente africano, Marcela Carbajo decidió poner foco en esa región a través de la literatura y fundar de cero una editorial de escritores de África. Así nació Empatía, un espacio de letras que busca dar a conocer historias que acerquen tiempos y geografías sobre las que, hasta ahora, han circulado escasas ficciones.

El foco -según revela- está puesto en los diferentes países y su realidad post-colonial.

-¿Cómo fue tu primer contacto con la literatura africana?

-Creo que el primer libro que me inmiscuyó en la literatura africana, más allá de lo que había leído de Coetzee a partir de su Nobel o de Nadine Gordimer, que ya eran figuras muy conocidas, fue el libro Todo se derrumba, de Chinua Achebe. Ese escrito engloba muchas de las problemáticas africanas, fundamentalmente la relación con los colonizadores, el choque entre las culturas tradicionales y los valores del imperio... en ese momento pensé: estas cosas no pasaron en África hace doscientos años, sucedieron cuando yo era chica. Increíble.

Marcela Carbajo
Su pasión por las letras la llevó a conocer en profundidad el continente africano

 -¿Por qué decidiste fundar Empatía?

-Si bien hace muchos años que trabajo en el mundo de la tecnología, siempre fui una lectora voraz. De joven cursé Letras, e hice varios seminarios de literatura y de escritura. Hacía ya un tiempo que venía dándole vueltas a la idea de armar un proyecto editorial. Al sentarme a pensar en el catálogo, me di cuenta de que necesitaba que el proyecto tuviera un plus, algo más allá de lo estrictamente literario.

Y ese plus lo encontré en la idea de que las ficciones pueden permitir acercarse “empáticamente” a otras culturas y otras realidades de las que conocemos muy poco, y con las que sentimos que no tenemos ningún punto en común. Y creo que, en este sentido, África es un caso emblemático.

-¿Cómo fue el proceso para armar la editorial?

-Primero tuve que informarme sobre el aspecto legal y formal. Tuve mucha ayuda de gente amiga o conocida que ya había armado sus proyectos editoriales, o que ya trabajaba en el sector. Por otro lado, tenía que armar el catálogo inicial: este fue un proceso de varios meses, y empecé buscando a los escritores que habían ganado premios en África y contactándolos.

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Después de los primeros intercambios, el resto se fue dando por recomendaciones, asociaciones de escritores en los diferentes países, etc.

 -¿Qué encontrás en la literatura africana como patrón, ¿hay puntos en común con la latinoamericana?

-Si bien cada uno de los 54 países africanos es diferente, y esa es una de las ideas que queremos reforzar con empatía, ciertamente hay algunos temas que atraviesan a todos ellos y que se reflejan en la literatura. Claramente casi todos han tenido una época pre-colonial con muchos valores tradicionales en común, luego la llegada de los colonizadores, con el choque de culturas, la crueldad de la dominación, la división por medio de las fronteras artificiales trazadas  y, por último, las guerras por la independencia y el retiro de los colonizadores que, en general, han dejado al mando a dictadores locales.

Muchos de ellos se perpetuaron en el cargo o dieron lugar a una sucesión de regímenes militares. Esto último dio lugar a historias que pueden perfectamente conversar con obras latinoamericanas. Por último, hay una gran afinidad entre el espíritu tradicional africano con el realismo mágico latinoamericano de los años 60 y 70. De hecho, García Márquez fue muy leído en África.

 

-¿Qué aprendiste sobre África con Empatía?

-Sería muy difícil listar todo lo que estoy aprendiendo, pero podría empezar por lo más obvio: si bien, como decía antes, hay temas que atraviesan todo el continente, cada país africano tiene su individualidad, sus rasgos propios. Un argelino no tiene absolutamente nada que ver con un ugandés, y sin embargo, la gente sigue viendo a África como un todo uniforme.

Te doy un ejemplo: el año pasado falleció un enorme poeta, el nigeriano Gabriel Okara. Un diario tituló: “muere a los 93 años el poeta africano Gabriel Okara”.  Y yo pensé: Si hubiera sido un poeta francés, ¿alguien habría puesto “muere el poeta europeo”? No, seguramente no.

También, a partir de estas ficciones, uno va empezando a entender el funcionamiento de determinadas estructuras o costumbres que nos resultan ajenas, como por ejemplo la poligamia. A partir de los relatos uno puede ver su parte negativa (el conflicto entre las mujeres por ganar el favor del marido, la obvia dominación patriarcal, etc) y también su gran ventaja, como la crianza y la supervisión compartida de los niños y las redes de contención dentro del grupo familiar.

-¿Por qué creés que hoy en día algunos autores africanos ganaron relevancia?

-Considerando que es un continente con más de mil doscientos millones de personas, creo que todavía es mínima la difusión de los escritores africanos fuera de África. Chimamanda Adichie ha logrado una gran popularidad en todos lados y eso es muy bueno, porque puede ayudar a abrir puertas a otros escritores. la gente la lee y dice: “ah, mirá, escribe como un escritor normal”.

No sé ¿qué esperaban? Pero muchos se sorprenden al encontrar buenas historias bien contadas, situadas en contextos actuales y con problemáticas que, si bien tienen rasgos propios, pueden ser comprendidas y compartidas por un lector de cualquier parte del mundo.

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-¿Qué lugar tienen hoy las escritoras mujeres en África?

-En los últimos años, las escritoras africanas están teniendo una gran visibilidad, tanto dentro como fuera del continente. África dio grandes artistas hace varios años, pero lamentablemente sus libros nunca llegaron a América latina: Buchi Emecheta, Bessie Head, Mariama Bâ y Aminata Sow Fall fueron algunas de las voces más lúcidas en los años setenta y ochenta, con fuertes críticas a sus sociedades, al rol de la mujer, etc.

En la actualidad, además de Adichie, hay muchas escritoras sobresalientes: Aminatta Forna, Doreen Baingana, Maaza Mengiste, Nnedi Okorafor, EPetina Gappah, Chinelo Okparanta y muchas más. Es cierto que, en general, la mayoría de las autoras que trascienden su lugar de origen son del norte de África o provenientes de Nigeria, Uganda, Sudáfrica o Kenia. Hay países donde el mercado editorial, y toda la estructura de apoyo a las industrias culturales, son casi nulas, por lo que es muy difícil poder “descubrir” a sus talentos literarios.

-¿Qué soñás con Empatía?

-Poder contar en nuestro catálogo con buenos relatos que representen a todos los países del continente, desde Egipto hasta Suazilandia y poder extender nuestra distribución a todo el resto de América latina. Sueño con que pueda cumplir algún día con la idea rectora inicial: servir de puente, de vehículo a través del cual los lectores locales puedan acercarse afectivamente y empáticamente a la cultura africana.

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